lunes, mayo 18, 2009

El despido individual y colectivo (como pérdida de la ciudadanía)


Este artículo se enmarca en las recientes jornadas sobre el despido en Europa, que organizadas por la fundación 1º de mayo se celebraron en Madrid recientemente. La pérdida de empleo es eliminar el núcleo de la ciudadanía, que sólo puede compensarse con políticas sociales que puedan tener un efecto anticrisis. Tras el despido siempre hay un drama por ello en la conferencia de Antonio Baylos quiso dejar muy claro que "El despido es mucho más que un acto meramente económico, pero se nos ha hecho interiorizar que se trata de un fenómeno socialmente irrelevante, banal, que no genera daños a nadie".


Antonio Baylos 

Resulta evidente que la estabilidad real se corresponde mejor con las garantías del derecho al trabajo porque la estabilidad en el empleo es la base de los derechos fundamentales en nuestra sociedad.
Quiero ser un poco provocativo para generar una discusión provechosa que permita abrir un amplio debate acerca del análisis comparado de la regulación del despido en varios países de la Unión Europea.
El punto de partida es relativamente sencillo y conocido: el despido es un lugar sísmico recorrido por todo tipo de temblores, el espacio típico de transcripción de los principios económicos neoliberales a la política y el derecho. Se trata de un primer elemento constitutivo evidente, de una ideología potentemente afirmada y en algunos momentos casi asumida, esto es, la pura consideración económica del despido como un mero coste laboral que encarece la fuerza de trabajo. De esto se sigue, en la teoría y práctica neoliberales, que despedir barato crea empleo.
Desde 2004, los titulares, editoriales e intervenciones públicas de los adalides del neoliberalismo más o menos encubiertos son meridianos en sus mensajes repetitivos. La OCDE aconseja a España abaratar el coste del despido. El Banco Mundial constata que España es uno de los países de la OCDE con mayor coste en despedir al trabajador. Pedro Solbes afirma que generalizar el coste del despido a 33 días por año le parece positivo. Gary Becker, premio Nobel de Economía, apuesta por abaratar el despido. El Banco de España apuesta por abaratar los costes de despido en los contratos indefinidos. El FMI aconseja a España abaratar el despido y contener el gasto público. La última y sintética afirmación del presidente de la patronal va en la misma línea: no pedimos el despido libre porque ya existe, lo que sucede es que es carísimo.
Esta idea de abaratar el despido se machaca constantemente. A toda costa, hay que quitar el miedo a los empresarios a contratar consiguiendo que despedir sea barato. Esto nos lleva a que el sistema del Derecho al Trabajo, el sistema de garantías sobre el empleo, sea el culpable de los procesos de destrucción de empleo y de la crisis del mercado de trabajo. Es decir, hay una culpabilización del sistema de garantías que se mide en función de los procesos de creación o destrucción de empleo que se den en la economía y, por tanto, se crea una directa relación, no entre otras causas que puedan provocar esa alteración del empleo, sino fundamentalmente entre garantías y rigidez del mercado y políticas efectivas de empleo.
Además, en el caso español se abona un amplísimo campo para la contratación temporal, viéndola, más allá del inicio formal de una relación laboral, como un coste de salida cero. Esta situación genera un 30 % de mercado, mujeres y jóvenes sobre todo, que son en última instancia los trabajadores desiguales que no tienen las mismas garantías que los trabajadores fijos. Las políticas neoliberales consideran que para evitar esa fractura entre trabajadores débiles y fuertes, lo que hay que hacer es degradar las garantías de los fuertes eliminando de un tajo el trabajo estable. De ahí toda la polémica suscitada, no sólo en España, por el contrato único: con una indemnización fija que no precisa causalidad se rescindiría cualquier relación contractual.
El despido es mucho más que un acto meramente económico, pero se nos ha hecho interiorizar que se trata de un fenómeno socialmente irrelevante, banal, que no genera daños a nadie. ¿Por qué esta impresión dominante? Vivimos, se nos dice, en una sociedad de la movilidad ascendente en donde existe una enorme capacidad de recomposición del mercado de trabajo y, además, contamos con un sistema de protección social eficaz. En definitiva, cuando se produce un despido no es más que un cambio de empleo. La banalización del fenómeno ha llegado hasta la publicidad: hoy podemos ver en un anuncio de Telefónica como un ejecutivo le dice por teléfono a su mujer que le han despedido y cómo por la noche recibe una nueva oferta de trabajo. Se nos quiere trasladar la idea de que el despido es un incidente de viaje que no conlleva ninguna repercusión negativa. Esta ideología ha sido recibida como legalidad normativa y ha creado una cultura jurídica determinada.
Como legalidad normativa, arrastramos 20 años equivocados de una política sostenida que apostó por la temporalidad a través de la idea de que el coste del despido era la causa directa de la creación de empleo y, por tanto, que la contratación temporal había de tener un coste cero. Este recorrido va de 1977 a 1997, incluso cuando el movimiento sindical consigue una corrección fundamental de esta tesis en 1997, también ahí existe un factor de concesión de principios al aceptar que el coste del despido tiene que ver con la creación de empleo. Cuando se crea el contrato para el fomento del empleo se introduce una concesión por la que se reduce el montante indemnizatorio a 33 días por año en los casos de despido improcedente por causas urgentes.
Ya en el nuevo siglo, se producen dos hitos normativos de gran calado. El primero se da en la reforma de 2002, reforma muy contestada, donde hubo una importante huelga general, pero que al final trajo como consecuencia consolidada el famoso artículo 56.2 del Estatuto de los Trabajadores, por el que se permitía una debilitación de la causa del despido mediante la disuasión inducida al trabajador de no acudir al juez para controlar el acto empresarial de rescisión, ya que el patrono declaraba previamente que había despedido de manera incorrecta y que, por tanto, asumía una indemnización. Al reconocer la improcedencia del despido con indemnización la ley disuadía en la práctica de acudir a los tribunales de justicia porque si el juez coincidía en la valoración de improcedencia el trabajador ya no tenía derecho a los salarios de tramitación. Era una forma sibilina de dar cobertura al despido libre. Desde entonces, el 35 % de más de la mitad de las rescisiones temporales ha sido improcedente. La idea que subyace en la reforma era liberar el acto de despido de cualquier constricción democrática o política, de cualquier mirada ajena, de cualquier revisión posterior al acto. Yo despido porque tengo tal poder, reconociendo que lo he hecho incorrectamente, pero indemnizo y asunto solucionado. Y los tribunales nada tienen que decir al respecto.
El segundo momento de especial relevancia normativa acaeció con la reforma de la ley Concursal en 2003. En lo que se refiere a materia laboral, ha hecho prescindible la presencia sindical en la negociación de los despidos colectivos, abaratando el despido de modo profundo. Abaratamiento y pérdida de control sindical son elementos clave para entender la reconstrucción de un cierto tipo de pensamiento o narrativa neoliberal.
Esos principios neoliberales han penetrado de manera muy clara en la cultura jurídica de la interpretación judicial. El discurso economicista es hoy el discurso hegemónico de nuestros tribunales superiores y, en concreto, de la mayoría de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo. La narrativa neoliberal es la madre de las interpretaciones de las altas instancias judiciales, con un agravante añadido: la Sala de lo Social es la que unifica la jurisprudencia, existiendo una idea muy extendida entre los jueces de que no pueden disentir de lo que marque un precedente, o sea, se ha suprimido de un plumazo la capacidad de recreación o matización de las doctrinas mayoritarias de la sala antedicha. En definitiva, se acepta ciegamente la doctrina y se aplica sin más el precedente de forma acrítica.
Una consideración excepcional merece la nulidad del despido. La cultura jurídica dominante no enlaza el despido con el derecho fundamental al trabajo y el respeto a la no discriminación. Para conseguir la nulidad de pleno derecho de un acto de despido se han establecido unas medidas cautelares de todo punto exageradas.
De igual manera, se ha ampliado el concepto jurídico de improcedencia, catalogándolo como respuesta normal o natural frente al ejercicio incorrecto del poder disciplinario del empresario.
Hoy, en resumen, las reglas procesales juegan a favor de la narrativa liberal de abaratamiento de los costes por despido.
La cultura jurídica hegemónica neoliberal puede advertirse hasta en Internet. Démonos una vuelta por la red. Si buscamos despidos laborales nos encontramos al azar con una consultoría que se vende de la siguiente manera. Despedir a un trabajador no es una situación agradable para nadie, pero quizá su empresa se vea obligada a ello por las circunstancias económicas. El despido más barato en tiempos de crisis es el despido objetivo por causas económicas. Si su empresa se plantea reducir plantilla por la situación económica puede ir al despido objetivo por causas económicas, mucho más barato que cualquier otro tipo de despido. El despido objetivo es razonablemente asequible. En el peor de los casos, trabajadores con más de 18 años de antigüedad, indemnizará a los despedidos con sólo un año de salario. Además, si se hace bien es muy sencillo y barato. Otro producto estrella de la consultoría es el despido disciplinario exprés. Deje zanjado el asunto sin ir a juicio y sin preocupaciones. Con independencia de la situación económica de su empresa usted puede prescindir de algún trabajador sobrante. Una vez que la decisión de despedir está tomada, hay una forma de abaratar al máximo el despido y hacer que el proceso sea muy rápido: recurrir al Estatuto de los Trabajadores. Así se aconseja por parte de algunos operadores jurídicos. La cultura actual del despido no ofrece dudas.
Visto lo visto, sería conveniente una reflexión para reconstruir ese objeto que es el despido desde una perspectiva política y democrática, es decir, desde las garantías judiciales y efectivas del despido. ¿En qué sentido habría que iniciar este análisis?
Las tutelas sobre el despido no derivan de una ley o norma concreta sino del pacto constituyente y del reconocimiento del derecho al trabajo, que no es una fórmula mágica o mantra que deba recitarse para ver si acaece. El derecho al trabajo tiene una evidente precisión y un contenido jurídico y político, estableciendo una relación directa entre trabajo y valor político fundamental. Eso está en la Constitución española.
El derecho al trabajo ha de estar garantizado: nadie debe ser privado de su empleo sin una causa determinada, permitiendo al trabajador o trabajadora conocer la razón de su despido. Ese acto unilateral debe estar sometido al control judicial, que tiene que verificar si la causa es suficiente. El despido individualmente considerado necesita la causalidad, la formalidad y el control judicial. No sólo se trata de doctrina: el Tribunal Constitucional ha dicho de manera inequívoca y contundente que el contenido esencial del derecho al trabajo implica la causalidad del despido y la judicialización de las garantías, aunque no se han concretado cuáles son los efectos de ese control judicial.
Una vez que los tribunales han verificado que el poder empresarial se ha ejercitado, si la medida tomada es incorrecta, ¿cuál es la solución? La idea fuerte sería mantener el principio de estabilidad, pero hay dos maneras de entender este concepto: estabilidad real, en el sentido de forzar la readmisión del trabajador despedido, o bien, interpretar que la lesión que se ha producido es susceptible de ser resarcida económicamente (estabilidad obligatoria).
Resulta evidente que la estabilidad real se corresponde mejor con las garantías del derecho al trabajo porque la estabilidad en el empleo es la base de los derechos fundamentales en nuestra sociedad. La gran mayoría de los derechos fundamentales (salario, ocio, salud, seguridad…) derivan de la estabilidad en el empleo. El derecho a la libre sindicación, el derecho de huelga y a mejorar las condiciones laborales también cuelgan de la estabilidad en el empleo, por tanto, sería razonable pensar que el principio general debiera ser la estabilidad real. Pero no es así en nuestro sistema. El principio de estabilidad real se haya limitado excepcionalmente a casos gravísimos de arbitrariedad del empresario.
En los despidos económicos o colectivos la mediación sindical es la que nos permite hablar de garantías de derecho al trabajo, quedando la autoridad administrativa o el control judicial como vías de arbitraje sustitutivo cuando no hay acuerdo entre trabajadores y patronos.
La presencia sindical hace las veces de síntesis entre los diferentes elementos enfrentados en una situación económica, organizativa o técnica que impida la actividad productiva o una parte de la misma. En materia de despidos colectivos, la mediación y el protagonismo sindical ocupan el espacio de la garantía judicial típica de los actos de rescisión individualizados, es decir, mientras que en estos actos la garantía reside en el poder judicial, en los despidos colectivos se sitúa en la negociación colectiva y en el sindicato.
Es preciso armar una visión neolaboralista como alternativa al discurso neoliberal que se viene manifestando sin interrupción desde los años 80. Estamos obligados a construir una mirada sobre el despido desde un lenguaje de los derechos y de la política democrática, desterrando el discurso del dinero y de la banalidad social. Hay que pensar en algo muy sencillo: el despido es un acto que rompe el ligamen social de la persona que trabaja, condenándola a una determinada condición de subalternidad política. No hay que olvidar nunca que la noción de ciudadanía se adquiere a través del trabajo. No me refiero sólo a problemas personales evidentes (alteraciones psíquicas y familiares): la estabilidad en el empleo, repito, es la base de la ciudadanía social.
Es necesario construir una nueva narrativa laboral. Hay que recausalizar el fenómeno del despido en general y resindicalizar los despidos colectivos. Las reformas que hay que realizar nos llevarán al Estatuto de los Trabajadores y a la ley Concursal como elementos decisivos de la nueva estrategia. Y, por supuesto, también hay que abordar el terreno de la cultura jurídica con un nuevo argumentario que revalorice la realidad desde una perspectiva de radicalidad política democrática. Un ejemplo puede servir para ilustrar lo que digo: el artículo 56.2 del Estatuto de los Trabajadores. La crítica de izquierdas con aroma sesentayochesco dice que siempre hay que extraer y aislar las consecuencias más negativas de una norma dada, pero que cuando la norma ya está publicada hay que realizar el ejercicio contrario. Desde esta visión, el artículo de marras es la consagración del despido libre indemnizado. ¿Qué dice la resistencia neoliberal? Que el despido en España es libre, pero muy caro. ¿Y qué dicen los jueces? Si lo dicen la izquierda y la derecha, así será: el despido es libre, aceptando de modo acrítico el despido sin causa. Lo peor de todo es que los sindicatos también han interiorizado esta tesis: no hay nada que hacer.
A mi juicio, es necesario interpretar la norma referida de manera distinta. Cierto es que se trata de una debilitación de la causalidad, pero no de su negación o supresión. Un despido arbitrario no tiene cabida en el modelo constitucional español. Un despido sin causa es un despido nulo porque es contrario al artículo 35 de la Constitución en relación con el artículo 24 de la misma: el juez puede conocer la causa del despido y el trabajador puede defenderse. El artículo 24 impone una causalidad al despido. Lo que sucede es que la normativa exonera en gran medida al empresario de aducir pruebas para proceder al acto unilateral de despedir. Desde los gabinetes jurídicos laboralistas se debería elaborar una estrategia para forzar pronunciamientos judiciales bajo causas evidentes y demostrables. Un ejemplo que abunda en lo ya expresado: según el Tribunal Supremo un despido por enfermedad no es nulo sino improcedente; el Constitucional se ha expresado en la misma línea. En la práctica, el rechazo social puede con la cultura jurídica dominante. Hace poco una empleada de una empresa de congelados tuvo un accidente y entró en coma. El empresario la despidió, pero era tal la barbaridad que cuando fue conocido el caso a través de los medios de comunicación, el empresario tuvo que dar marcha atrás en su decisión. La cultura jurídica claudicó ante la aberración social cometida.
Contra el despido, hay que armarse con razones sociales y mediante la elaboración de un nuevo discurso político, ideológico y jurídico. La ciudadanía comienza en el derecho al trabajo y en la estabilidad en el empleo.
Cuadernos de la Fundación 1º de Mayo

miércoles, mayo 13, 2009

Europa: combatir la crisis en las urnas y en la calle

Traigo a esta tribuna, el artículo que publica un extremeño internacional, Juan Moreno, y viene acuento este asunto para seguir motivando a la participación en la euromanifestación de mañana 14 de Mayo en Madrid y en las elecciones europeas del 7 de Junio. Es importante recordar la situación de retroceso de la unidad política europea, sobre todo tras el no francés a la constitución europea, con los posteriores acontecimientos en Irlanda. No estaría mal que aquellos que bajo la bandera de la izquierda reivindicaron el NO en Francia y en Irlanda, nos plantearan hoy sus alternativas, porque la cosa no pinta a favor de los trabajadores y trabajadoras precisamente.
La Confederación Europea de Sindicatos (CES) ha lanzado una campaña de movilización europea contra la crisis centrada en la exigencia de que la factura que ésta provoca no la paguen solo los trabajadores cuando el origen de la misma está en los grandes grupos económicos, bancarios particularmente, en la especulación desenfrenada y en las políticas neoliberales.
En el marco de esta campaña hay convocadas cuatro euromanifestaciones entre el 14 y el 16 de mayo próximos: el día 14 en Madrid (con participación también de sindicalistas portugueses); 15 de mayo en Bruselas; 16 de mayo en Berlín y en Praga.
En los últimos meses se ha recrudecido la protesta laboral en numerosos países, como Bélgica que vivió una huelga general, en Italia donde la CGIL convocó una gigantesca manifestación (a la que asistió el secretario general de CCOO) y también en otros países Francia, Irlanda, Islandia o Letonia. El reciente 1º de Mayo mostró el repunte reivindicativo en muchas manifestaciones que resultaron mucho mas numerosas que en años anteriores: Paris, Madrid, etc.
La CES reclama un nuevo pacto social europeo para frenar el avance del desempleo. Entre las medidas del programa de la CES se destacan estas peticiones:
  • Un vasto programa de relanzamiento para ofrecer mas empleo y de mejor calidad, proteger el empleo en las industrias claves e invertir en nuevas tecnologías y preservar los servicios públicos esenciales.
  • Mejores salarios y mejores pensiones. Protección del poder de compra para estimular las economías.
  • Poner fin a las recientes decisiones de la Corte de Justicia europea que favorecen la libertad de mercado frente a los derechos fundamentales y a la negociación colectiva. Confirmar los objetivos sociales del mercado interior y garantizar la igualdad de trato y de salario para los trabajadores inmigrantes.
  • Una reglamentación eficaz de los mercados financieros y una distribución equitativa de las riquezas. Una Banca central europea vinculada al crecimiento y al pleno empleo y no simplemente a la estabilidad de los precios.
Estas reivindicaciones van dirigidas a los gobiernos nacionales que deben dar respuestas en clave europea, pero también a las instituciones de la UE, y especialmente al nuevo Parlamento Europeo que se constituirá tras las elecciones del 7 de junio y a la nueva Comisión que éste deberá elegir.
Muchas son las voces (entre ellas la muy prestigiosa de Mario Soares) que se han levantado contra el anuncio de algunos gobiernos socialistas (entre ellos el español) de reelegir al conservador Durao Barroso al frente de la Comisión. Durao, en tanto que primer ministro portugués fue el anfitrión de la Cumbre de las Azores, pero mas allá de ese “detalle” ha impulsado, o avalado, desde la Comisión todos los intentos regresivos contra el modelo social europeo de los últimos años. De ahí que, al margen de lo que después impongan los resultados, la izquierda coherentemente debería tener su propio candidato socialista con una alternativa pactada con los otros grupos progresistas.
En los próximos meses se deberá poner fin al bloqueo institucional mediante la entrada en vigor del nuevo Tratado de la UE varado por el No irlandés. Pero el conjunto de la izquierda debería alcanzar ya un mínimo consenso para preparar una batalla política por la reforma de ese Tratado insatisfactorio. Ese consenso, superador de las divergencias expresadas en torno a la fenecida Constitución Europea debe establecerse en torno a un nuevo europeismo crítico. Que combata la deriva liberal de la UE sin caer en posiciones nacionalistas que tanto han favorecido a la derecha euroesceptica.
Hace unos años sería impensable que un primer ministro, como ha hecho Berlusconi, dijera que “no tolerará una Italia multiétnica” (en flagrante contradicción con la Carta de Derechos Fundamentales de la UE) y ello es debido a que la unidad política europea está en retroceso. Tiene razón Vidal Beneyto cuando añora en EL PAÍS (11-05-09) la Confederación europea que propugnaba Mitterrand (y con él y antes que él tantos otros), y debería consecuentemente admitir que el proyecto de Constitución, que el combatió con decenas de artículos, estaba mucho más cerca de ese ideal unitario que el actual Tratado de Lisboa, al cual no le ha dedicado el mismo celo opositor.
La participación masiva en las manifestaciones sindicales y en las votaciones del 7 de junio pueden ser una señal de que la clase trabajadora y la ciudadanía en general pueden frenar el deterioro del modelo social y la espiral del desempleo.
Juan Moreno es Consejero del Comité Económico y Social Europeo. Publicado en nuevatribuna.es

martes, mayo 12, 2009

14 de Mayo. Manifestación de los sindicatos Europeos en Madrid

El Jueves 14 de Mayo, se celebra en Madrid una euromanifestación dentro de las Jornadas de acción europeas, que pretenden que más 200.000 personas se manifiesten en Europa. Las manifestaciones comienzan del 14 al 16 de mayo en Madrid, Bruselas, Praga y Berlín, convocadas por la Confederación Europea e Sindicatos.
Otras manifestaciones tendrán también lugar en Luxemburgo, Bucarest, Birmingham. En un contexto de crisis donde el desempleo estalla, los sindicatos europeos alzan su voz para salvaguardar el empleo y reivindicar la prioridad del mantenimiento de los puestos de trabajo.
Los sindicatos reclaman políticas sociales y del empleo que hagan hincapié en la seguridad y no en la precarización del empleo. Solo con seguridad la Europa social tendrá su verdadera dimensión.
Los manifestantes dirán "no" a los excesos del capitalismo financiero que conducen siempre a más injusticia social y desigualdades. Los sindicatos europeos piden a un nuevo Contrato social cuya prioridad sea la justicia social, la solidaridad, el empleos y de calidad. La protección social debe también reforzarse para evitar la exclusión social.
Los sindicatos europeos se harán oír el 14 de mayo en Madrid, 15 de mayo en Bruselas y el 16 de mayo en Praga y Berlín porque quieren que el empleo y los ciudadanos estén realmente en el centro de las prioridades políticas europeas. Desde sus inicios el sindicalismo tiene su futuro en la internacionalización, que en el espacio europeo deje oír su voz es muy importante, por que representa a la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas de nuestra Europa, siendo una esperanza de solidaridad para la mayoría del planeta. Más de 1000 extremeños y extremeñas estaremos junto a nuestros amigos portugueses en las calles de Madrid.

viernes, mayo 08, 2009

El debate de la Futura Ley de Educación de Extremadura

Hace unos meses se inició en Extremadura el debate social para la elaboración de la futura Ley de Educación de Extremadura. El proceso es ciertamente novedoso, se enmarca dentro de las mesas de dialogo social abiertas en Extremadura en el comienzo de la legisltura pasada, y una de sus acertadísimas inicitavas es este debate abierto. El debate parte de un documento elaborado por la Consjería de Educación de la Junta de Extremadura, para que sirva de punto de referencia y de aportaciones de la sociedad extremeña en general y de la comunidad educativa en particular, haciendo efectiva de esta manera el concepto amplio de ciudadanía y de participación ciudadana, que la propia ley debe fomentar. Creo que esta ley es un instrumento básico para el futuro de Extremadura, por eso el sindicalismo de clase representado por CCOO y UGT deben dar prioridad al tratamiento de este tema en la mesa ya citada, que afecta de manera directa a los hijos de los trabajadores y trabajadoras. Para conocer este debate reproduzco un artículo de Tomás Chaves, Secretario General de la Federación de Enseñanza de CCOO de Extremadura y los enlaces pertinentes al documento base y a las propuestas realizadas por la citada Federación de Enseñanza. Como miembro de la comunidad educativa, y como ciudadano debemos fomentar este debate social.
DOCUMENTO DE LA ADMINISTRACIÓN
PROPUESTAS DE LA FE DE CCOO EX
WEB DONDE PARTICIPAR
Artículo de opinión en el periódico Hoy de Tomás Chaves, Secretario General de la Federación de Enseñanza de CCOO de Extremadura
La ley del Educación La elaboración de la ley de Educación de Extremadura exige que se llegue a un amplio consenso entre los sectores implicados
La educación es un derecho constitucional. Es, además, un derecho que avanza en el sentido de la mayor cohesión social, el afianzamiento de los valores sociales y la igualdad de oportunidades. Cuando hablamos de educación hablamos de algo que atañe directamente a nuestra estructura social. Y también a la económica. Próximo el debate anunciado por la consejera de Educación sobre la Ley de Educación de Extremadura conviene plantear algunas de las cuestiones que esta importante norma tiene que afrontar.
La función principal de la educación es la de formar personas libres y críticas, conscientes de sus deberes sociales, que ejerzan con normalidad sus derechos personales y ciudadanos. Pero además el sistema educativo de hoy cumple un papel social importante, que es consecuencia del nuevo sistema de relaciones laborales y familiares. En especial, la incorporación de muchas mujeres, con perspectivas de que cada vez sean más, a un trabajo remunerado hace necesario que el sistema educativo tenga que ofrecer soluciones a estas nuevas necesidades. Pero la simple implantación de los servicios no es suficiente, tenemos que exigir que estos servicios se presten con la debida calidad. En nuestra opinión un sistema público es el que mejor la garantiza.
La sociedad extremeña tiene que garantizar asimismo la atención a las personas con alguna discapacidad y, en general, a las personas con necesidades educativas especiales. Aquí el criterio de calidad se hace más importante aún.
El modelo social y económico que los partidos políticos y los agentes sociales proponemos para Extremadura hace necesario que nos tomemos en serio la regulación, ajustada a ese objetivo, de la formación profesional. Tenemos en Extremadura -y en España- un serio problema de sobrecualificación. En sentido contrario, hay actualmente en Extremadura una tasa de abandono escolar excesiva; es decir, un gran número de nuestros jóvenes abandonan el sistema educativo sin ninguna cualificación laboral. Habrá que reflexionar sobre las soluciones posibles.
Para la elaboración de la Ley de Educación de Extremadura, es necesario el consenso político, ampliamente demandado por CC. OO., que ya se ha materializado en la Declaración de la Comisión de Educación de la Asamblea de Extremadura.
El siguiente paso tiene que ser la concreción de un acuerdo social, que debe llevarse a cabo en el ámbito del diálogo social. Es lógico también que toda la comunidad educativa pueda aportar sus criterios, sus ideas, para conseguir el mejor servicio educativo para Extremadura. ¿Falta algo?.Falta el presupuesto. Y falta la complicidad y la implicación de los trabajadores y trabajadoras que han de hacer realidad la enseñanza de calidad, especialmente del profesorado. Para conseguir la calidad que queremos, las condiciones laborales y de convivencia en las que realicen su trabajo deben ser las necesarias para que el trabajo educativo se desarrolle con normalidad. Sin ellas, sin garantizar esas condiciones, no se recorrerá el trecho, por muy bonito que nos quede el texto.

domingo, mayo 03, 2009

"Los salarios son víctimas y no agentes causantes del desempleo"

Repasando el circuito de blogs amigos para el deleite ciudadano, he encontrado este artículo en el país "bullero" de Ramón Górriz, actual responsable de acción sindical de la confederación. Tuvimos la oportunidad de estar con él el 27de abril en Badajoz, dentro de los actos realizados entorno al día de la salud en el trabajo y como siempre y ante quinientos delegados y delegadas (y no exagero ) lanzó una interesante reflexión.
A propósito de la política salarial últimamente se viene argumentando que al funcionar la economía en un marco de competitividad internacional, el aumento de los salarios puede ocasionar un problema en el empleo y que los salarios son los causantes del deterioro económico. En el mismo sentido se argumenta también que apostar por una pauta salarial de aumento moderado de los mismos, a pesar de su efecto en favor del consumo, no compensaría la influencia sobre la demanda debido a que el aumento de los costes laborales, por su efecto en los precios, provocaría una mayor destrucción de empleo.
Este pensamiento o interpretación neoliberal predica que los salarios deben moderarse con la finalidad de que se eliminen las dificultades en el proceso de crecimiento económico y de creación de empleo. En resumen, el pensamiento económico dominante afirma que la fórmula para la salida de la crisis incluye necesariamente la aceptación de un intercambio colectivo que posibilite el ajuste entre salario y empleo, entendiendo que las empresas invierten en función de la estructura de costes de las inversiones, entre los que el coste laboral constituye el principal factor de todos ellos y asumiendo que los salarios son directamente culpables o responsables de la caída del empleo.
Sin embargo, la causa de la crisis de la economía española viene inducida por su dependencia respecto al mercado internacional, por su ubicación semiperiférica y débil capacidad negociadora, y por su enorme dependencia energética, factores que explican en gran parte la deficitaria balanza de pagos que ha obligado a importar más de lo que exporta. La profunda caída de la actividad económica internacional que afecta a materias primas sobre las que la economía española es muy dependiente es un factor explicativo de primer orden para entender la caída de la actividad y los precios.
Por otro lado, la reinversión de los beneficios acumulados en los últimos años es prácticamente nula debido a las contradictorias expectativas de crecimiento y al enorme frenazo que experimenta la demanda. En esta coyuntura la preferencia por acumular liquidez inhibe cualquier tentación de inversión. En cuanto al aumento en el gasto público que el gobierno propone para compensar la crisis de oferta tiene evidentes limitaciones, tanto porque las posibilidades de aumentar la deuda pública son limitadas como porque se está planteando la reducción de impuestos fiscales que a la postre frenarán la acción pública.
De manera que los salarios y la cantidad y calidad del empleo son variables dependientes de la evolución de estos factores y por tanto son víctimas y no agentes causantes de la destrucción de empleo. No se puede ignorar o no fijar la atención en que la estructura de costes de las empresas es de naturaleza compleja, y es posible incluir entre ellas el coste de las materias primas, la tecnología, el capital inmovilizado, los costes financieros (el tipo de interés real, donde se conjugan tipos de interés y su brecha con el tipo oficial bancario, hasta la necesaria reducción de la inflación) o inclusive la importancia decisiva del régimen fiscal, o de las ingentes subvenciones al capital (subvenciones directas, créditos blandos, compra de activos de la banca, bonificaciones a la contratación, etc.). En última instancia y de manera decisiva, son las expectativas de beneficio de un entorno determinado las que explican las nuevas inversiones.
Este planteamiento, al poner el peso de la evaluación principal de los costes en los aspectos laborales, no da concesión o credibilidad a la posibilidad de regular los mercados mediante la intervención pública para establecer criterios que no constriñan toda decisión o inversión económica en la rentabilidad, y además despreciar otros tipos de costes sobre los que se puede incidir para mejorar las condiciones de beneficio de un país o mercados determinados.
Solo si se asume que las reglas del mercado competitivo y de la rentabilidad son los únicos posibles y no pueden estar sujetos a una regulación y solo si se entiende que el único coste para el capital sea el laboral se puede pensar que un moderado crecimiento del salario ocasione una destrucción de empleo. Hay que entender otros factores del entorno donde se invierte, en el que el coste laboral es un factor más entre otros, y esa acción de contrapeso es la que realizamos las organizaciones sindicales para reorientar los argumentos y negar la culpabilización de los salarios en relación al empleo.
En este sentido, defendemos una política salarial en la negociación colectiva para 2009 que incluya un aumento salarial del 2%, en línea con las previsiones marcadas por el Banco Central Europeo, a lo que se añade el reparto de la productividad y las cláusulas de revisión salarial. Esta es la regla general que impide que los salarios pierdan peso social. La inflación prevista por el gobierno ha sido en los últimos años el criterio habitual sobre el que se revalorizaban los salarios, dato que habitualmente ha subestimado la evolución de los precios, con el resultado evidente de que poder adquisitivo del salario medio ha descendido a lo largo de la presente década. Resulta oportunista, por tanto, la posición de la cúpula empresarial que pretende cambiar las reglas de juego en el momento en el que no le salen las cuentas en función de los resultados de un periodo determinado, sin que por otro lado se aseguren o se evidencien garantías de una mayor efectividad.
Desde CCOO consideramos con especial insistencia la pauta negocial de que los salarios más bajos crezcan por encima de la inflación, con el fin de evitar la competencia perversa por los salarios más bajos.
Una referencia de incremento salarial por debajo de la inflación prevista sería un reconocimiento inaceptable de que son los trabajadores y sus salarios los causantes de la crisis, y esta circunstancia no ha podido demostrarse en ningún caso. Por el contrario, la política económica pública, la financiarización sistémica y la mala gestión empresarial han sido en suma los auténticos responsables de un modelo socioeconómico de difícil viabilidad. Un aumento del 2% en los salarios, con la consigna de una mejoría aún mayor de los salarios más bajos, es una simple medida de compensación del terreno perdido en capacidad adquisitiva de un amplio porcentaje de la clase trabajadora en la última década, puesto que sólo una fracción minoritaria de los salarios ha crecido holgadamente, mientras que el grueso mayoritario se ha mantenido estancado o en retroceso.
En relación a la negociación colectiva hay que añadir una cuestión en relación a sus estructura, que en momentos de crisis se utiliza recurrentemente por parte de algunos dirigentes empresariales para modificar el modelo de negociación, promoviendo que se profundice la fragmentación de su estructura, para priorizar el ámbito de la empresa en la negociación de las pautas salariales. Un ejemplo de ello se encuentra en la interpretación empresarial sobre las cláusulas de descuelgue o inaplicación de los salarios pactados, donde interpreta que la mera previsión de pérdidas en el ejercicio de 2009 sería criterio suficiente para solicitar el descuelgue salarial, inhabilitando así tanto el procedimiento administrativo como el control sindical respecto a la veracidad de la situación crisis de la empresa. Al contrario, las eventuales dificultades de las empresas que soliciten la inaplicación salarial deben ir acompañadas de la presentación de planes de futuro de la empresa, así como de los plazos de recuperación del incremento salarial que los trabajadores han dejado de percibir por el tiempo que se le haya concedido tal “descuelgue salarial”.
La propuesta de profundizar en la fragmentación de la negociación colectiva solo agravaría el problema de las desigualdades salariales. Además dificultaría el objetivo del aumento de los salarios más bajos y de aquellos más alejados del salario medio, cuestión que solo puede llevarse a cabo desde una negociación global donde este objetivo pueda explicitarse como una cuestión de justicia social que mejore la capacidad adquisitiva de los trabajadores y trabajadoras para afrontar la crisis económica. Ramón Górriz Vitalla

lunes, abril 20, 2009

Un 1º de mayo de trabajadores y trabajadoras en la calle

Un año más nos encontramos ante las puertas del 1º de Mayo, un primero de mayo que este año debe ser expresión contundente de la centralidad del trabajo y de los intereses de los trabajadores y trabajadoras reivindicando más derechos laborales y sociales ante la situación de crisis que padecemos los de siempre, y ante la inmoral campaña de los gestores de la inmundicia económica. Hay que reivindicar masivamente más empleo, más inversión pública y más protección social. En Extremadura el 1º de Mayo se celebra en Mérida a las 12 de la mañana con el recorrido saliendo del puente de la autonomía.
Los trabajadores y trabajadoras de extremadura, tenemos que manifestar de manera clara , sonora y nítida, con nuestra presencia en Mérida el 1º de Mayo, nuestra voz y reivindicaciones. Los que han provocado esta crisis con sus recetas neoliberales, siguen difundiendo sus ideas, para reclamar más desprotección, más precariedad. El último en hacer "pandilla" con el director del Banco de España, ha sido José Mª Aznar -nada nuevo por cierto-. Los trabajadores y trabajadoras lejos de sentirnos culpables por lo que no hemos hecho, debemos salir, manifestarnos, proclamar nuestras propuestas, dando un mensaje contundente a los argonautas neoliberales. En comisiones obreras consideramos la situación muy complicada, por ello tenemos propuestas, y entre ellas la más significativa la de un Pacto de Estado por la Economía y el Empleo, a saber:
1.- Caracterización de la situación actual.
Estamos ante una profunda crisis económica internacional. La primera gran crisis de la economía globalizada. Su origen se encuentra en la prevalencia de la economía especulativa y en la ausencia de controles del sistema financiero, sobre todo en EEUU, donde se ha jugado irresponsablemente liberando crédito sin garantías en torno al mercado inmobiliario. En España la crisis internacional tiene una repercusión más aguda por coincidir con el agotamiento del modelo de crecimiento que se ha seguido en las últimas décadas, hasta el punto de que España podría haber entrado en crisis aun en el caso de que no se hubieran dado las presentes circunstancias internacionales.
El modelo de crecimiento español se ha caracterizado por el fuerte tirón de la construcción de vivienda residencial y del sector servicios. Las consecuencias de este modelo son conocidas: desorbitado encarecimiento del precio de la vivienda que ha llevado a las familias españolas a un nivel de endeudamiento difícilmente asumible; gran crecimiento del empleo de baja cualificación, escasa estabilidad, insuficiente protección y bajos salarios y altísimos beneficios empresariales que no se han reinvertido en herramientas de futuro como son la investigación, la innovación y la formación de los trabajadores y trabajadoras, sino que se ha ido hacia los altos rendimientos que ofrecía el sector inmobiliario o a gastos suntuarios.
Así, en el momento en que ha estallado la burbuja inmobiliaria se ha paralizado la actividad constructora, que ha arrastrado a las empresas auxiliares y con ello ha empezado una destrucción de empleo que nos ha colocado en los tres millones y medio de parados y que amenaza en llevarnos hasta los cuatro antes del verano.
La caída del empleo, que se agudiza por la incapacidad de nuestra economía de absorber el crecimiento de la población activa, se ha cebado en el empleo temporal que es el que menos derechos de protección acumula, situando a casi un millón de personas en riesgo de exclusión social; ha incrementado la morosidad y ha retraído el consumo, lo cual agudiza el círculo vicioso afectando a la producción de bienes y servicios y llevando todo ello a una mayor pérdida de puestos de trabajo (sector del automóvil) La crisis del sistema financiero internacional está suponiendo una restricción del crédito a empresas y familias que no hace más que agravar la situación. En estas condiciones las respuestas de los diferentes gobiernos se han caracterizado por la falta de soluciones comunes convenientemente coordinadas. EEUU ha optado por una fuerte inyección de dinero público dirigido al sistema financiero y a la economía real, mientras que Europa ha sido mucho más timorata.
El Gobierno español ha arbitrado una serie de medidas que, aun yendo en la buena dirección, se han presentado inconexas y con un alcance limitado, cosa que se agrava por la escasa capacidad de actuación de los instrumentos públicos que deben vehicularlas, como es el caso del ICO. Por otra parte, las medidas que el Gobierno ha llevado a las mesas de diálogo social, si bien tienen la intención, compartida, de incrementar los niveles de protección a los desempleados, algunas de ellas se revelan como ineficaces e incluso contraproducentes. Por su parte, los representantes de la patronal, particularmente los vinculados a CEOE, han concebido esta crisis como una nueva oportunidad de recuperar sus tasas de beneficio por la vieja vía de imponer sus propuestas desreguladoras del mercado laboral y de debilitamiento del sistema de protección social: contrato con veinte días de indemnización, bajada de cuotas a la seguridad social, ausencia de controles administrativos ante los despidos, congelación de los salarios,… Esta actitud ha hecho fracasar, al menos por el momento, el marco para la negociación colectiva que supone el AINC y pone en situación de riesgo la concertación social. Entre tanto, la situación se agrava y no se ven perspectivas de salida.
La convicción de que la economía española atraviesa por un momento extraordinariamente grave, de que cientos de miles de trabajadores y trabajadoras se encuentran en los márgenes de la exclusión social, que las respuestas que se han puesto en marcha o se proponen no tienen la capacidad de afrontar con eficacia la situación, y que de ésta no saldremos sin una implicación activa del conjunto de la sociedad empezando por sus principales actores, el gobierno, los agentes económicos y las organizaciones sindicales, es lo que lleva a la C.S. de CCOO a proponer UN PACTO DE ESTADO POR LA ECONOMÍA Y EL EMPLEO.
2.- Pacto por la economía y el empleo: Objetivos, actores, contenidos y medios.
Los objetivos que, a nuestro modo de ver, debe perseguir el citado pacto son: - Garantizar la protección social de las personas más afectadas por la crisis evitando que caigan en las zonas de exclusión. - Reactivar la actividad económica para evitar que se siga destruyendo empleo. - Establecer las bases para cambiar el modelo de crecimiento en aras a conseguir una economía más sana y sostenible y menos vulnerable a los cambios de ciclo. Alcanzar un pacto con estos objetivos, solo es posible si existe un compromiso sincero en el que se impliquen con capacidad de liderazgo el Gobierno, la patronal y los sindicatos. En consecuencia, éstos deben ser sus principales protagonistas. El marco para llevar a cabo esta negociación puede ser el del “Diálogo social reforzado” siempre que no queden excluidos de él ningún ámbito de negociación. En un Estado fuertemente descentralizado como el español, las CCAA deberán asumir un papel activo coordinando las medidas que éstas ya están adoptando con las que se puedan acordar con el Gobierno central. La propuesta de Pacto que realiza CCOO combina medias coyunturales con otras de carácter más estratégico que deberían pivotar sobre tres ejes fundamentales:
1.- Ampliar la protección social desde los sistemas públicos de bienestar social:
- Ampliar y mejorar la protección por desempleo.
- Adoptar mejoras en la renta activa de inserción.
- Conseguir una mayor integración de las políticas activas de empleo.
- Reorientar la actuación de los Servicios Públicos de Empleo.
- Reformar la Ley concursal.
- Garantizar la aplicación de la Ley de atención a la dependencia. - Alcanzar la integración de los Regímenes Especiales en el General de la Seguridad Social.
2.- Impulsar la actividad económica y la creación de empleo transformando el modelo productivo:
- Acometer nuevos programas de inversión pública, tanto en lo que se refiere a la dotación de infraestructuras físicas como tecnológicas que anticipen la obra pública prevista.
- Desarrollar la sociedad de la información.
- Aumentar el parque de viviendas en alquiler concertando la acción de las administraciones públicas y el sector privado.
- Abordar un plan de rehabilitación urbana y de vivienda residencial.
- Ordenar y priorizar las inversiones públicas y privadas en I+D+i.
- Realizar un plan Industrial que afronte el diseño industrial y la calidad de los bienes y servicios. - Negociar una Ley de Ciencia avanzada.
- Crear un marco regulador de la política energética.
3.- Mejorar nuestro sistema educativo y la formación profesional para el empleo.
- Vincular más y mejor el sistema educativo con el mercado laboral.
- Poner en marcha medidas para atajar el alto nivel de abandono escolar. -
Dignificar la Formación Profesional reglada.
- Potenciar y diversificar la oferta de ciclos de Grado Medio de FP.
- Incrementar las plazas de educación infantil para niños y niñas menores de tres años.
- Alcanzar la excelencia de la universidad y potenciar su faceta investigadora.
- Desarrollar la regulación de los certificados de profesionalidad.
- Impulsar una red pública de centros integrados de FP.
- Regular el procedimiento para el reconocimiento de la experiencia laboral a efectos de titulación.
- Favorecer la formación de los trabajadores y trabajadoras con más dificultades para encontrar empleo.
CCOO es plenamente consciente de que tras alcanzar un pacto como el que proponemos hay que garantizar su aplicación y para ello es indispensable contar con amplios recursos económicos; para ello se debe plantear cuando menos tres líneas de actuación: Flexibilizar los márgenes de endeudamiento, revisar la política fiscal para garantizar mayores recursos para el Estado y reformar nuestro sistema financiero dando un mayor peso a la banca pública, dotando de mayores recursos y capacidad al ICO y reformando la Ley de Cajas.

martes, abril 14, 2009

la 2ª edición del ciclo de cine "Compromiso Social y Ciudadanía", se celebrará en la última semana de abril y primera de mayo del 2009

Las ciudades de Badajoz, Cáceres, Mérida y Plasencia acogerán la segunda edición del ciclo de Cine "Compromiso Social y Ciudadanía", que se realizará en la última semana de abril y primeros días de mayo -programa completo-

La Fundación Cultura y Estudios de CC.OO. de Extremadura organiza por segundo año consecutivo el Ciclo de Cine “Compromiso Social y Ciudadanía”, en el marco de las celebraciones del 1º de Mayo, día histórico para el movimiento Obrero Internacional. EL ciclo de cine tiene una clara vocación extremeña, por ello ha programado proyecciones en las ciudades de Badajoz, Cáceres, Mérida y Plasencia, con la colaboración de la Filmoteca de Extremadura, el Centro de Ocio y Cultura de Badajoz, la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Extremadura, ayuntamiento de Mérida, ayuntamiento de Plasencia, Caja de Ahorros de Extremadura y el apoyo de la Diputación de Badajoz. Las proyecciones se realizarán del 27 de abril al 3 de mayo. La Fundación incorpora un año más este Ciclo de cine, a las actividades de celebración del 1º de Mayo, día histórico del Movimiento Obrero, con tres objetivos: el primero ofrecer una mirada que permita la reflexión sobre la vigencia de los valores y reivindicaciones del mundo del trabajo en el siglo XXI; el segundo facilitar el acceso de los más jóvenes a un tipo de cine que aporta interesantes pautas para su formación y en tercer lugar ofrecer películas que fomente la interculturalidad y la igualdad de género. Estos objetivos son indispensables para promover el compromiso y la ciudadanía activa de los hombres y mujeres de Extremadura.
Ciudades y fechas de proyección:
BADAJOZ Lugar de proyección: Centro de Ocio Contemporáneo, COC. (Avda. Ricardo Carapeto, 30)
• 29 de Abril: 18.00 h; 20,15 h y 22,30 h.
o LAS UVAS DE LA IRA// Cortometraje: A golpe de Tacón
• 3O de Abril: 18.00 h; 20,15 h y 22,30 h.
o LA SAL DE LA TIERRA
• 1 de Mayo: 18.00 h; 20,15 h y 22,30 h.
o UN FRANCO 14 PESETAS// Cortometraje: A golpe de Tacón
• 3 de Mayo: 18.00 h; 20,15 h y 22,30 h. o VALS CON BASHIR
CÁCERES.
Lugar de proyección: Filmoteca de Extremadura (C/ Rincón de la Monja, 6).
• 28 de Abril, 20,30 h: o VALS CON BASHIR// Cortometraje: A golpe de Tacón.
• 30 de Abril, 20,30 h: o LAS UVAS DE LA IRA
• 1 de Mayo, 20,30 h: o LA SAL DE LA TIERRA// Cortometraje: A golpe de Tacón
• 3 de Mayo, 20,30 h: o UN FRANCO 14 PESETAS
MÉRIDA:
Lugar de Proyección: Centro Cultural Alcazaba (C/ John Lennon, 5).
• 27 de Abril, 20,30h: o LAS UVAS DE LA IRA // Cortometraje: A golpe de Tacón
• 28 de Abril, 20,30h: o UN FRANCO 14 PESETAS
• 29 de Abril, 20,30h: o LA SAL DE LA TIERRA // Cortometraje: A golpe de Tacón
• 30 de Abril, 20,30h: o VALS CON BASHIR
PLASENCIA:
Lugar de Proyección: Auditorio Santa Ana (Plaza Santa Ana s/n).
• 27 de Abril, 20,30h: o LAS UVAS DE LA IRA
• 28 de Abril, 20,30h: o UN FRANCO 14 PESETAS
• 29 de Abril, 20,30h o LA SAL DE LA TIERRA// Cortometraje: A golpe de Tacón.

miércoles, abril 01, 2009

Visita la exposición virtual sobre la historia del movimiento obrero durante el franquismo en Extremadura.

La exposición la puedes visitar en este sitio.
La exposición está realizada por la Fundación Cultura y Estudios de CCOO de extremadura y pretende ofrecer una panorámica los últimos 60 años de sindicalismo en España y en Extremadura, de manera didáctica para fomentar el conocimiento de una de los periodos más duros, imaginativos, innovadores y fértiles del movimiento sindical en nuestro país y región.
El movimiento obrero durante el franquismo y especialmente las Comisiones Obreras, fueron semilla de libertad, semilla plantada en una tierra fertilizada por la ceniza de los miles de hombres y mujeres comprometidas con una república traicionada y malograda. Semilla regada con sudor y sangre comprometida con los valores del sindicalismo histórico, semilla que germina conquistando la luz de la democracia, creciendo con movilizaciones, negociaciones y acuerdos. Este es el germen de la constitución de 1978.
La Constitución del 78 permite cimentar una Extremadura sobre una dispersa y abandonada tierra, fijando un pueblo con identidad, donde sindicalismo representado por CCOO, y también por UGT, ofrece organización, movilización, acuerdo e igualdad, permitiendo identificar y reconocer, con sus luces y sus sombras, pero reconocer, la Extremadura del siglo XXI, como Comunidad Autónoma, dentro de una España abierta a Europa y al mundo.