domingo, julio 12, 2009

Cáceres Evocado: Recreación Histórica del Siglo XVII en el Corazón de la Ciudad

Hace unos días que se viene realizando en Cáceres un acontecimiento digno de contemplar y disfrutar y que se seguirá realizando hasta el pximo día 18 de Julio.
Es un "espectáculo" denominado Cáceres Evocado: Recreación Histórica del Siglo XVII en el Corazón de la ciudad, que resucita la vida en el siglo XVII español a través de una recreación histórica que ocupa el espacio comprendido entre la Plaza de San Jorge y la de Las Veletas, y que transporta, sin ningún género de dudas al barroco, con todos los sentidos, el gusto, el tacto, el olfato, la vista y el oído". Donde no eres público, eres un personaje más de la historia, mientras degustas unas cañitas con buena gastronomía de la época y contemplas a la vez luchas de espadas. Desde luego es una muy buena iniciativa, en este caso de la Consejera de Cultura y Turismo, Leonor Flores, una manera de atraer a visitantes a estas tierras en el mes de Julio, unos visitantes que jamás olvidarán sus días barrocos en Cáceres.
Otra posibilidad es realizar visitas guiadas que profundizan en aspectos relacionados con la evolución del casco histórico. Se realizarán en varios idiomas, incluso el lenguaje de signos para personas con discapacidad auditiva.
Además de la actividad exterior en calles y plazas del recinto, también se amplía la oferta con un área expositiva en el Palacio de las Cigüeñas que refleja los arquetipos de la sociedad de Felipe III y más concretamente de hace cuatrocientos años, en el 1609, momento en el que se produce la expulsión de los moriscos, hecho histórico en torno al cual gira la trama de este 'Cáceres Evocado'.
Cabe recordar que el concejo de Cáceres intentó evitar que los 168 moriscos que habían sobrevivido a las epidemias se marcharan de la ciudad ya que consideraban necesarios los oficios que ellos realizaban para el desarrollo económico y social de la ciudad.
La actividad que puedes disfrutar con tu familia y amigos con mayor intensidad es sin duda la dramatización que se realiza en el mesón de la actividad. Son nueve personajes que ataviados de acuerdo a la moda de la época y al estatus social que representan, recrean un pasaje que bien pudiera haber sucedido en la ciudad de la época. Esta dramatización nos permitirá encontrarnos al lado de nuestro asiento o como compañeros de paseo a damas, moriscos, alguacil, soldados, gitanos, frailes, titiriteros, cuentacuentos, etc. Todos estos personajes interactuarán con los visitantes aportándoles datos sobre el contexto histórico en el que se desenvuelve la acción.
En cuanto a los talleres, cabe destacar el de chocolate en el que el visitante podrá conocer las peculiaridades de la elaboración de este producto traído de América y que fue tomado como bebida durante el siglo XVII gozando de gran aceptación entre la población. Habrá también talleres de música, danza, vestimenta, o uno de juegos dirigido al público infantil en el que se recreará el juego de l a oca con unas casillas personalizadas sobre la capital cacereña.
No faltarán tampoco los conciertos de música barroca que se llevarán a cabo en el interior del Convento de San Pablo, en el patio del Palacio de las Cigüeñas y en el patio de Torre de Sande, o el mercado instalado en la Plaza de San Mateo que albergará una muestra de artesanía inspirada en los modelos originales de la época, de manera que se han reproducido joyas, cerámicas, hierros o made ras.
La gastronomía también es un plato fuerte, que por un precio razonable, te permite degustar algunos platos variados en el Bo degón del Puntapié, situado en la Plaza de las Veletas, En los fines de semana por la noche tendrán lugar las cenas barrocas que acogerá el patio del restaurante Torre de Sande. Están siendo unas jornadas muy atractivas que no os podéis perder.

viernes, julio 10, 2009

Convocada Huelga en Canal Extremadura Radio y TV. Será el jueves 23 de Julio.

Los trabajadores y trabajadoras de Canal Extremadura irán a la huelga para exigir a dirección de Canal Extremadura que acabe con la discriminación laboral en la empresa. Será el 23 de julio, jueves, en televisión y en radio.
Los trabajadores y trabajadoras de Canal Extremadura irán a la huelga el próximo 23 de julio, convocados por CCOO y UGT, para exigir a la dirección de la empresa que negocie su convenio colectivo y que termine con las discriminaciones laborales que están produciendo en el seno de la radio televisión pública extremeña.
Esta decisión se tomó por el 83 por ciento del conjunto de la plantilla de Canal Extremadura en una asamblea que se realizó ayer noche para debatir qué medidas adoptar ante la actitud intransigente e inmovilista de los responsables de la empresa.
La huelga, que será tanto en radio como en televisión, estará acompañada con una manifestación que partirá del edificio de Canal Extremadura en Mérida hasta las puertas de la sede de la Presidencia de la Junta en la Plaza del Rastro.
Si la dirección se mantiene en su postura tras esta jornada de huelga del día 23, los trabajadores y las trabajadoras también aprobaron acudir a nuevas jornadas de huelga los días 7 y 8 de septiembre.
Las concentraciones, que se iniciaron hace dos semanas con gran seguimiento, se suspenden ante la convocatoria de estas huelgas, provocadas por la decisión de los responsables de Canal Extremadura de no seguir negociando el convenio colectivo.
Se está pidiendo únicamente que se regulen y normalicen las condiciones laborales de las más de 200 personas que trabajan en Canal Extremadura y que se termine con la política de favores y arbitrariedades que origina desigualdades y discriminaciones entre los propios trabajadores.
Las negociaciones del convenio se iniciaron hace seis meses y se estaban retrasando por la estrategia dilatoria e intransigente de la dirección, que ha demostrado en múltiples ocasiones que no tiene intención de acercar posturas y posibilitar un acuerdo.

jueves, julio 02, 2009

Extremadura, Provincia Única. El debate está servido

Hace unos meses el congreso de CCOO de Extremadura volvía a recatar la propuesta sobre la provincia única de Extremadura. El Tema puede parecer intranscedente, pero lejos de ello la cuestión es de fondo, pues afecta al futuro de Extremadura, a la utilización de sus recursos y a su viabilidad futura.
Traigo a este foro la reflexión que sobre la provincia única, hace en nombre de CCOO su secretario general en Extremadura, Julian Carretero.
¿Sabían que una persona vecina de Miajadas, para someterse a una intervención quirúrgica ordinaria debe acudir a alguno de los hospitales de la ciudad de Cáceres, cuando tiene a diez minutos y por autovía uno en Don Benito- Villanueva?
¿O que trabajadores de empresas idénticas que se dediquen a lamisma actividad, indistintamente en la provincia de Cáceres y Badajoz, pueden tener condiciones diferentes en función de que el domicilio social de estas empresas se encuentre en una provincia u otra?
¿Y saben también que pudiera haber políticas diferentes de promoción y prioridad turística, cultural, de infraestructuras, medioambiental, viaria, empleo, de servicios, etcétera, planificadas y desarrolladas de forma contrapuesta entre ambas provincias y a la vez dispares en objetivos con las propuestas o desarrolladas por la Junta de Extremadura y el Parlamento Extremeño, donde además de la soberanía popular del conjunto de la ciudadanía extremeña, radican las competencias ejecutivas y legislativas sobre las políticas de desarrollo social y económico de la comunidad autónoma?
Si piensan un poco, más allá de los pecados ya cometidos en el pasado no tan lejano y tan difíciles de purgar ya a estas alturas, encontrarán innumerables ejemplos como los de estas pequeñas muestras, que por sí solos abundarán en la explicación de la incongruencia de nuestra actual configuración provincial y el estrangulamiento que ello supone para un desarrollo regional más armónico, racional y más acorde con los tiempos que corren, en un contexto de modelo de Estado, con una reafirmación autonómica-federativa en progresivo auge.
Debo reconocer que la propuesta que rescatábamos y publicitábamos con ocasión del 8° Congreso de CCOO de Extremadura sobre la configuración de nuestra comunidad autónoma como provincia única ha tenido escaso eco y recorrido entre los grupos parlamentarios que en estos meses han venido trabajando y finalmente han consensuado una propuesta para la reforma del Estatuto de Autonomía.
Resultará difícil también, como se ha producido el acuerdo entre los grupos, que algunos de los argumentos relacionados con este concepto sean incorporados en el debate y recorrido parlamentario que ahora se inicia; lo que a mi modo de ver es dejar pasar una oportunidad única para acometer una de las reformas más necesarias y trascendentes para el futuro de nuestra tierra: una articulación y ordenación territorial de Extremadura, pero desde una nueva concepción administrativa, jurídica y de gobierno de lamisma.
Éramos conscientes de lo controvertido y polémico que para muchos pudiera ser este planteamiento, pero también de la necesidad imperiosa de abordar este debate, de su legitimidad y del momento para hacerlo sin apriorismos y rancios e irracionales conservadurismos.
La configuración de Extremadura como provincia única debe entenderse como concepto político que contribuiría definitivamente a desterrar el biprovincialismo como lastre y a la superación de referencias y entes provinciales obsoletos, que hoy carecen de entidad política y competencial para su ámbito geográfico.
También serviría para facilitar una economía de escala fundamental en la contribución a la salida de la actual crisis y para la sostenibilidad de los servicios públicos presentes y futuros y a ser soporte de reformas estructurales que ineludiblemente esta región debe y tiene que acometer en la economía, la educación, la población, el sector financiero, los sectores energéticos y del agua, etcétera.
Mucho más con los nuevos marcos de referencia que se avecinan en la financiación autonómica, en los fondos europeos y en aquellos otros que deben pergeñarse para la sostenibilidad del modelo social tras la crisis. Al menos, sería deseable que quienes provoquen la frustración de este debate sean conscientes de ello y así lo manifiesten.

Filtración del borrador con 15 medida que afecta al mercado de trabajo, de la mesa de dialogo social

Las medidas más destacadas son las ayudas a los parados y rebajas fiscales a las empresas.
El Ministerio de Trabajo calcula que la ayuda temporal de 420 euros mensuales para los parados que se hayan quedado sin ingresos y la rebaja de cotizaciones en medio punto en contingencias profesionales, dos de las más de diez medidas contenidas en el borrador de acuerdo que ha propuesto a sindicatos y empresarios en la mesa de diálogo social, tendrán un coste global de 2.053 millones de euros.
En concreto, según el texto del borrador, el subsidio de 420 euros mensuales que podrán percibir los desempleados que hayan terminado su periodo de prestaciones implicará un coste de 453 millones de euros. Trabajo prevé que de esta ayuda, que durará seis meses, podrán beneficiarse 200.000 parados entre octubre de 2009 y marzo de 2010.
En el borrador, que consta de seis páginas y en el que llegan a figurar hasta 15 medidas -algunas anunciadas hace tiempo-, el Ministerio de Trabajo se refiere a este subsidio para parados sin prestaciones como "Programa Temporal de Inserción" para desempleados, precisando que dicho programa estará ligado a la formación por parte de las comunidades autónomas y que, en su caso, se podrá hacer uso de los recursos adelantados para 2009 y 2010 del Fondo Social Europeo.
Trabajo también aclara en este texto, que seguirá discutiéndose en la mesa de diálogo social, que "no desea generar un nuevo subsidio por desempleo de carácter permanente y tampoco ampliar los supuestos protegidos por la renta activa de inserción".
Por su parte, la rebaja de cotizaciones que se plantea en el documento -medida reclamada largamente por los empresarios- se cifra en 1.600 millones de euros y se precisa que para financiarlos se utilizarán los excedentes anuales de las mutuas de accidentes de trabajo, así como las reservas de estas entidades.
Este recorte de cuotas consistirá en una rebaja de medio punto en el subsistema de contingencias profesionales y, según señala Trabajo, tiene por objetivo favorecer la recuperación del empleo. El Departamento dirigido por Celestino Corbacho subraya que, al no incidir en la financiación de las contingencias comunes, esta rebaja de cotizaciones "no incide en la sostenibilidad del sistema público de pensiones" ni en su situación financiera, pues sólo movilizará "recursos ociosos acumulados por el propio sistema".
El borrador, sujeto a posibles modificaciones, también plantea medidas para mejorar las oportunidades de empleo de los parados y la intermediación en el mercado laboral. Así, se afirma que, en un periodo inferior a tres meses, el Gobierno, junto con los agentes sociales, procederá a suprimir las actividades en las que actualmente tienen prohibido operar las empresas de trabajo temporal (entre ellas construcción y administraciones públicas) y a regular y a autorizar a las empresas de recolocación.
El texto planteado por el Ministerio incluye asimismo el compromiso de los agentes sociales a cerrar en seis meses un acuerdo bilateral para la revisión de la negociación colectiva que, según se apunta en el borrador, debe comprender más flexibilidad interna a nivel de empresa y mayor facilidad para utilizar las llamadas cláusulas de descuelgue (posibilidad de que las empresas puedan rechazar las subidas salariales pactadas previamente si demuestran que tienen dificultades para poder llevarlas a cabo).
Una vez finalizado este proceso de revisión de la negociación colectiva, el documento añade que el Gobierno y los agentes sociales efectuarán una evaluación de los resultados de las medidas adoptadas desde 2006 tanto en la política de fomento del empleo "como en el modelo de relaciones laborales", sin mencionar explícitamente las palabras reforma laboral.
En materia de Seguridad Social y con el fin de cumplir las recomendaciones del Pacto de Toledo, el Ejecutivo se compromete en el texto a diseñar un calendario para materializar la separación de fuentes, al objeto de que los complementos de mínimos de las pensiones se financien presupuestariamente.
LUCHA CONTRA EL ABSENTISMO
El documento dedica también un apartado a exponer algunas de las medidas para combatir el absentismo laboral, del que dice que incide "negativamente" sobre la competitividad de las empresas.
Para paliar esto, se ha constituído un grupo de trabajo con la participación del Ministerio y los agentes sociales que, según el borrador, en el plazo de tres meses se compromete a abordar el establecimiento de convenios entre la Seguridad Social y las comunidades para garantizar el seguimiento de las enfermedades profesionales y comunes desde el primer día de la baja, así como la implantación de acuerdos de colaboración entre las empresas que garanticen, mediante acuerdos con los sindicatos, la reducción de costes gracias a la mejora de las condiciones laborales y de los instrumentos de control.
En el borrador, se incluyen además medidas para mejorar y modernizar la formación profesional y la formación para el empleo, y se mencionan otras iniciativas ya anunciadas, como la modificación de la deducción por inversión en vivienda habitual, la reforma de la Ley Concursal, el Fondo para la Economía Sostenible o la revisión para 2010 de las líneas del ICO para simplificarlas y darles mayor flexibilidad.
Asimismo, en el borrador se recuerda que el Impuesto sobre Sociedades se reducirá cinco puntos durante tres años para empresas de menos de 25 trabajadores, con un volumen de rentas inferior a los 5 millones de euros, y que mantengan o amplíen su plantilla en 2009 y 2010. El coste estimado de esta medida es de 1.000 millones anuales que, según Trabajo, se pueden compensar con el mantenimiento de al menos 89.000 empleos "y, por tanto, el menor pago de prestaciones".

lunes, junio 15, 2009

Los mensajes tóxicos de Wall Street (o ideologías tóxicas)

Uno de los legados de esta crisis será una batalla de alcance global en torno a ideas. O mejor, en torno a qué tipo de sistema económico será capaz de traer el máximo beneficio para la mayor cantidad de gente.
Joseph Stiglitz Premio Nobel de Economía en 2001. Actualmente, preside la Comisión de Expertos de la Asamblea General de Naciones Unidas para el estudio de reformas en el sistema monetario y financiero internacional.

Toda crisis tiene un final, y aunque hoy por hoy las cosas pintan negras, también esta crisis económica pasará. Lo cierto, en todo caso, es que ninguna crisis, y mucho menos una tan grave como la actual, remite sin dejar un legado. Uno de los legados de esta crisis será una batalla de alcance global en torno a ideas. O mejor, en torno a qué tipo de sistema económico será capaz de traer el máximo beneficio para la mayor cantidad de gente. En ningún sitio esa batalla es más enconada que en el Tercer Mundo. Alrededor del 80 por ciento de la población mundial vive en Asia, América Latina y África. De entre ellos, unos 1.400 millones subsisten con menos de 1.25 dólares diarios. En los Estados Unidos, llamar a alguien socialista puede no ser más que una descalificación exagerada. En buena parte del mundo, sin embargo, la batalla entre capitalismo y socialismo –o al menos entre lo que muchos estadounidenses considerarían socialismo- sigue estando en el orden del día. Es posible que la crisis actual no depare ganadores. Pero sin duda ha producido perdedores, y entre éstos ocupan un lugar destacado los defensores del tipo de capitalismo practicado en los Estados Unidos. En el futuro, de hecho, viviremos las consecuencias de esta constatación.

La caída del Muro de Berlín, en 1989, marcó el fin del comunismo como una idea viable. Ciertamente, el comunismo arrastraba problemas manifiestos desde hace décadas. Pero tras 1989 se volvió muy difícil salir en su defensa de manera convincente. Durante un tiempo, pareció que la derrota del comunismo suponía la victoria segura del capitalismo, particularmente del capitalismo de tipo estadounidense. Francis Fukuyama llegó a proclamar “el fin de la historia”, definió al capitalismo de mercado democrático como el último escalón del desarrollo social y declaró que la humanidad toda avanzaría en esa dirección. En rigor, los historiadores señalarán los 20 años siguientes a 1989 como el breve período del triunfalismo estadounidense. El colapso de los grandes bancos y de las entidades financieras, el subsiguiente descontrol económico y los caóticos intentos de rescate han dado al traste con ese período. Y también con el debate acerca del “fundamentalismo de mercado”, con la idea de que los mercados, sin control ni restricción alguna, pueden por sí solos asegurar prosperidad económica y crecimiento. Hoy, sólo el autoengaño podría llevar a alguien a afirmar que los mercados pueden auto-regularse o que basta confiar en el auto-interés de los participantes en el mercado para garantizar que las cosas funcionen correctamente y de forma honesta.
El debate económico es especialmente intenso en el mundo en vías de desarrollo. Aunque aquí en occidente tendemos a olvidarlo, hace 190 años una tercera parte del producto bruto mundial se generaba en China. Luego, y de una manera un tanto repentina, la explotación colonial y los injustos acuerdos comerciales, combinados con una revolución tecnológica en Estados Unidos y Europa, condenaron al rezago a los países en desarrollo. A resultas de ello, hacia 1950 la economía china representaba menos del 5 por ciento del producto bruto mundial. A mediados del siglo XIX, en realidad, el Reino Unido y Francia tuvieron que emprender una guerra para abrir China al comercio global. Esta fue la “segunda guerra del opio”, llamada así porque los países occidentales tenían muy poco que vender a China a excepción de estas drogas, que pronto invadieron sus mercados y generaron una amplia adicción entre la población. Con esta guerra, occidente ensayaba una vía temprana de corrección de la balanza de pagos.
El colonialismo dejó una herencia compleja en el mundo en desarrollo. Entre la mayoría de la población, sin embargo, la visión dominante era que habían sido cruelmente explotados. Para muchos nuevos líderes, la teoría marxista ofrecía una interpretación sugerente de esta experiencia, puesto que sostenía que la explotación era en realidad el motor del sistema capitalista. Por eso, la independencia política que las colonias conquistaron tras la segunda guerra mundial no supuso el fin del colonialismo económico. En algunas regiones, como África, la explotación –la extracción de recursos naturales y la devastación del ambiente a cambio de migajas- era evidente. En otros sitios fue más sutil. En diferentes regiones del mundo, instituciones internacionales como el Fondo Monetario Internacional o el Banco Mundial pasaron a ser vistas como instrumentos de control pos-colonial. Estas instituciones propiciaron el fundamentalismo de mercado (o “neoliberalismo”, como fue a menudo llamado) una categoría idealizada por los estadounidenses como “mercados libres e irrestrictos”. Asimismo, presionaron a favor de la desregulación del sector financiero, de las privatizaciones y de la liberalización del comercio.
El Banco Mundial y el FMI aseguraban que todo lo hacían por el bien de los países en desarrollo. Su actuación estaba respaldada por equipos de economistas partidarios del libre mercado, muchos de ellos provenientes de la catedral de la economía de libre mercado, la Universidad de Chicago. Al final, los programas de los ‘Chicago boys’ no trajeron los resultados prometidos. Los ingresos se estancaron. Allí donde hubo crecimiento, la riqueza fue a parar a los estratos más altos. Las crisis económicas en países concretos se volvieron cada vez más frecuentes. Sólo en los últimos 30 años, de hecho, se produjeron más de cien de considerable gravedad.
En este contexto, no sorprende que las poblaciones de los países en desarrollo creyeran cada vez menos en las motivaciones altruistas de Occidente. Sospechaban que la retórica de la economía libre de mercado –lo que pronto se conoció como “el Consenso de Washington”- era sólo la cobertura de los intereses comerciales de siempre. Estas sospechas se vieron reforzadas por la propia hipocresía de los países occidentales. Europa y Estados Unidos no abrieron sus propios mercados a la agricultura producida en el Tercer Mundo, que con frecuencia era todo lo que estos países podían ofrecer. Por el contrario, los forzaron a eliminar subsidios necesarios para la creación de nuevas industrias, a pesar de que ellos otorgaban subsidios a sus propios agricultores.
La ideología del libre mercado resultó ser una excusa para acometer nuevas formas de explotación. “Privatizar” quería decir que los extranjeros podían comprar minas y campos petrolíferos a bajo precio en los países en desarrollo. Suponía que podían extraer considerables beneficios de actividades monopólicas y semi-monopólicas como las telecomunicaciones. “Liberalizar”, por su parte, quería decir que podían obtener créditos con facilidad. Y si las cosas iban mal, el FMI forzaba la socialización de las pérdidas, con lo que el esfuerzo de pagar a los bancos recaía sobre la población en su conjunto. También comportaba que las empresas extranjeras pudieran arrasar con las industrias emergentes, bloqueando el despliegue del talento empresarial local. El capital fluía libremente, pero el trabajo no, salvo en el caso de los individuos mejor dotados, que podían encontrar un empleo en el mercado global.
Obviamente, éstos no son más que brochazos de un cuadro más complejo. En Asia, por ejemplo, siempre hubieron resistencias al Consenso de Washington e incluso restricciones a la libre circulación de capital. Los gigantes asiáticos –China e India- condujeron la economía a su manera y obtuvieron inéditos índices de crecimiento. Pero en general, y sobre todo en aquellos países en los que el Banco Mundial y el FMI controlaron las riendas, las cosas no fueron demasiado bien.
Para los críticos del capitalismo estadounidense en el Tercer Mundo, la manera en que los Estados Unidos han respondido a la crisis constituye la gota que colma el vaso. Durante la crisis del sudeste asiático, hace apenas una década, los Estados Unidos y el FMI exigieron que los países afectados redujeran el déficit a través de recortes en el gasto social. Poco importó que en países como Tailandia estas medidas contribuyeran a un resurgimiento de la epidemia del SIDA, o que en otros como Indonesia comportara el recorte de subsidios para la alimentación de los hambrientos. Estados Unidos y el FMI forzaron a estos países a aumentar los tipos de interés, en algunos casos en más de un 50 por ciento. Urgieron a Indonesia que fuera dura con los bancos y al gobierno que no acudiera en su rescate ¡Qué peligroso precedente! –dijeron- ¡qué tremenda intervención en el delicado mecanismo de relojería del libre mercado!
El contraste entre la reacción exhibida ante las crisis asiática y estadounidense es notorio y no ha pasado inadvertido. Para sacar a Estados Unidos del pozo, somos testigos de incrementos masivos del gasto y del déficit, así como de tasas de interés que prácticamente han sido reducidas a cero. Las ayudas a los bancos fluyen a diestra y siniestra. Algunos de los funcionarios de Washington que tuvieron que lidiar con la crisis asiática son ahora los encargados de dar respuestas a la crisis estadounidense ¿Por qué los Estados Unidos –se pregunta la gente del Tercer Mundo- prescriben una medicina diferente cuando se trata de sí mismos?
En los países en desarrollo, son muchos los que aún padecen los efectos del sermoneo recibido en los últimos años: adoptad instituciones como las de los Estados Unidos; seguid nuestras políticas; comprometeos con la desregulación; abrid vuestros mercados a los bancos norteamericanos si queréis aprender “buenas” prácticas bancarias; y vended (no por casualidad) vuestras empresas y bancos a los Estados Unidos, especialmente si es a precio de ganga durante las épocas de crisis. Sí, reconocía Washington, puede ser doloroso, pero al final estaréis mejor. Los Estados Unidos enviaron a sus Secretarios del Tesoro (de ambos partidos) alrededor del mundo a predicar la buena nueva. A ojos de muchos, la puerta giratoria que permite a los líderes financieros norteamericanos pasar cómodamente de Wall Street a Washington y otra vez a Wall Street, les otorgaba todavía más credibilidad: parecían combinar a la perfección el poder del dinero y el poder de la política. Los líderes financieros norteamericanos tenían razón en pensar que lo que era bueno para los Estados Unidos o el mundo era bueno para los mercados financieros. Pero lo contrario no era cierto: no todo lo que era bueno para Wall Street era bueno para los Estados Unidos y el mundo.
No es un simple gesto de Schadenfreude, de alegría por la desgracia ajena, lo que motiva el severo juicio que los países en vías desarrollo realizan del fracaso económico de Estados Unidos. También está en juego la necesidad de discernir cuál es el sistema económico que mejor puede funcionar en el futuro. Indudablemente, estos países tienen todo el interés del mundo en que ver una pronta recuperación de los Estados Unidos. Saben que por sí solos no podrían afrontar lo que los Estados Unidos han hecho para intentar revivir su economía. Saben que ni siquiera el elevado nivel de gasto realizado está funcionando demasiado rápido. Saben que a resultas del colapso económico norteamericano, 200 millones de personas más han caído en la pobreza en el curso de los últimos años. Pero están convencidos, cada vez más, de que cualquier ideal económico propugnado por los Estados Unidos es un ideal del que seguramente habría que huir.
¿Por qué debería preocuparnos la desilusión del mundo con el modelo estadounidense de capitalismo? La ideología que promovimos todos estos años ha dejado de funcionar, pero tal vez esté bien que no pueda repararse ¿Podríamos acaso sobrevivir –incluso tan bien como hasta ahora- si nadie se adhiere al modo de vida norteamericano?
Seguramente, nuestra influencia disminuirá, ya que es poco probable que se nos considere un modelo a seguir. En cualquier caso, es lo que ya estaba ocurriendo de hecho. Los Estados Unidos solían desempeñar un papel crucial en el capital global, ya que otros pensaban que teníamos un especial talento para lidiar con el riesgo y para asignar recursos financieros. Hoy nadie piensa algo así, y Asia – de donde proceden buena parte de los ahorros del mundo - ya está desarrollando sus propios centros financieros. Hemos dejado de ser la fuente central del capital. Los tres bancos más importantes del mundo son ahora chinos. El principal banco norteamericano ha caído al quinto puesto.
El dólar ha sido durante mucho tiempo la moneda de reserva. Los países tenían al dólar como referencia para determinar la confianza en sus propias monedas y gobiernos. Sin embargo, progresivamente se ha ido imponiendo en los bancos centrales de diferentes partes del mundo la idea de que el dólar puede no ser un referente de valor. Su valor, de hecho, ha oscilado y ha ido cayendo. El enorme incremento de la deuda norteamericana durante la presente crisis, combinado con los préstamos indiscriminados de la Reserva Federal, han disparado las especulaciones en torno al futuro del dólar. Los chinos han sugerido de manera abierta la posibilidad de inventar algún tipo nuevo de moneda para reemplazarlo.
Mientras tanto, el coste de lidiar con la crisis está desbordando nuestras necesidades. Nunca hemos sido generosos en nuestra ayuda a los países pobres. Pero las cosas están empeorando. En los últimos años, la las inversiones chinas en África han sido superiores a las del Banco Mundial y el Banco Africano de Desarrollo juntos, muy lejos de las realizadas por Estados Unidos. Para afrontar la crisis, los países africanos corren a Beijing en busca de ayuda, no a Washington.
Mi preocupación aquí, en todo caso, tiene que ver con el ámbito de las ideas. Me preocupa que, a medida que se vean con mayor nitidez las fallas del sistema económico y social norteamericano, las personas de los países en desarrollo vayan a extraer conclusiones erróneas. Sólo unos pocos países -y acaso los propios Estados Unidos- aprenderán correctamente la lección. Se darán cuenta de que para salir adelante es necesario un régimen en el que el reparto de papeles entre mercado y gobierno sea equilibrado y en el que haya un estado fuerte capaz de administrar formas efectivas de regulación. Se darán cuenta de que el poder de los intereses privados debe limitarse.
Otros países, empero, sacarán conclusiones más confusas y profundamente trágicas. Tras el fracaso de sus sistemas de posguerra, la mayoría de países ex comunistas retornaron al capitalismo de mercado y encumbraron a Milton Friedman en lugar de a Karl Marx como nuevo dios. Con la nueva religión, sin embargo, no les ha ido bien. Muchos países pueden pensar, en consecuencia, que no sólo el capitalismo ilimitado, de tipo estadounidense, ha fracasado, sino que es el propio concepto de economía de mercado el que ha fallado y ha quedado inutilizado para cualquier circunstancia. El viejo comunismo no regresará, pero sí diversas formas excesivas de intervenir en el mercado. Y fracasarán. Los pobres sufren con el fundamentalismo de mercado, que genera un efecto derrame, pero de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo. Pero los pobres seguirán sufriendo con este tipo de regímenes, puesto que no generarán crecimiento. Sin crecimiento no puede haber reducción sostenible de la pobreza. No ha habido nunca una economía exitosa que no haya descansado fuertemente en los mercados. La pobreza estimula la desafección. Los inevitables fracasos conducirán a mayor pobreza aún y serán difíciles de gestionar, sobre todo por parte de gobiernos llegados al poder con el propósito de combatir el capitalismo de tipo norteamericano. Las consecuencias para la estabilidad global y para la propia seguridad de los Estados Unidos son evidentes.
Hasta ahora, solía existir una sensación de valores compartidos entre los Estados Unidos y las élites educadas en Estados Unidos alrededor del mundo. La crisis económica ha erosionado la credibilidad de dichas élites. Hemos suministrado a los críticos con la disoluta forma de capitalismo practicada en Estados Unidos, poderosa munición para contraatacar con la prédica de una más amplia filosofía anti-mercado. Y seguimos proporcionándoles más y más munición. Mientras en la reciente cumbre del G-20 nos comprometíamos a no impulsar el proteccionismo, colocábamos una previsión de “compre norteamericano” en nuestro propio paquete de estímulos. Luego, para ablandar la oposición de nuestros aliados europeos, modificábamos dicha norma, de todo punto discriminatoria en relación con los países pobres. La globalización nos ha hecho más interdependientes; lo que ocurre en una parte del mundo afecta a la otra, un hecho probado por el contagio a otros de nuestras dificultades económicas. Para resolver problemas globales, es menester que exista un sentido de cooperación y confianza, así como un cierto sentido de valores compartidos. Esta confianza nunca fue sólida, y no ha hecho sino debilitarse en los últimos tiempos.
La fe en la democracia es otra de las víctimas. En el mundo en desarrollo, la gente mira hacia Washington y ve al sistema de gobierno que permitió a Wall Street prescribir una serie de reglas que pusieron en riesgo la economía global y que, cuando toca asumir las consecuencias, vuelve a recurrir a Wall Street para gestionar la recuperación. Ve permanentes redistribuciones de riqueza hacia la cúspide de la pirámide, claramente a expensas de los ciudadanos comunes y corrientes. Ve, en suma, un problema básico de falta de controles en el sistema democrático estadounidense. Y después que se ha visto todo esto, sólo es necesario dar un pequeño paso para concluir que hay algo que funciona inevitablemente mal con la propia democracia.
Eventualmente, la economía estadounidense se recuperará y, hasta cierto punto, nuestro prestigio en el extranjero. Durante mucho tiempo, los Estados Unidos fueron el país más admirado del mundo, y todavía es el más rico. Guste o no, nuestras acciones están sujetas a permanente examen. Nuestros éxitos son emulados. Pero nuestras fracasos son criticados con escarnio. Todo esto me devuelve a Francis Fukuyama. Fukuyama estaba equivocado al pensar que las fuerzas de la democracia liberal y de la economía de mercado triunfarían de modo inevitable y que no habría vuelta atrás. Pero no estaba equivocado al creer que la democracia y las fuerzas de mercado son esenciales para tener un mundo justo y próspero. La crisis económica, en buena medida desencadenada por el comportamiento de los Estados Unidos, ha hecho más daño a estos valores fundamentales que cualquier régimen totalitario en los tiempos recientes. Tal vez sea verdad que el mundo se encamina al fin de la historia, pero de lo que se trata, ahora, es de navegar contra el viento y de ser capaces de definir el curso de las cosas.
Sinpermiso

miércoles, junio 03, 2009

La Europa Social y las elecciones del 7 de junio

Ayer se celebramos en mérida las jornadas de debate sobre "Europa: trabajo y ciudadanía". En ella he tenido la oportunidad de compartir unas horas con Juan Moreno, un extremeño miembro del Consejo Económico y Social Europea y responsable para América Latina de la Confederación Europea de Sindicatos, como me parece que su intervención fue muy interesante, podéis leerla en este enlace (Ponencia de Juan Moreno).
Juan Moreno es uno de los mayores expertos de la Europa Social, y paisano que nació en Medina de la Torre en Badajoz, y que sigue manteniendo lazos muy estrechos con Almendralejo. A Juan lo podemos considerar como representante genuino de aquellos 700.000 extremeños/as que marcharon de nuestras tierras con sus familias siendo niños/as, y que aportaron riqueza material en las zonas donde les acogieron, pero también, mucha riqueza social.
Fue enlace sindical allá por los primera mitad de los 70 y Secretario de Organización del metal en la segunda mitad de esa década. Diputado de la Asamblea de Madrid, por el PCE, Secretario Regional de la Unión de Madrid. Durante más de una década Secretario de Relaciones Internacionales de la C.S. de CCOO, en momentos claves como la incorporación de CCOO a la CES.
En la actualidad es miembro del Comité Económico y Social de la UE y Consejero de la CES para América Latina.
Tiene Publicado dos libros: Sindicato sin Fronteras (1999) y “El reto de la Europa Social, (junto a Emilio Gabaglio) en el 2006. Actualmente tiene en fase de publicación la historia de la Federación del Metal de CCOO.
Una parte de su ponencia es la que sigue:
Los sindicatos por un consenso para un giro social
. La construcción europea no puede hacerse solo desde un campo ideológico o social. Fue fruto de un consenso fundamentalmente de democristianos y socialdemócratas y cualquier gran reforma como la que ahora se necesita debería tener un amplio consenso.
. Dice el ex presidente de Portugal (que ha denunciado el apoyo de Sócrates, Zapatero y Brown a la reelección del conservador Durão Barroso al frente de la Comisión) que desgraciadamente muchos partidos de derechas han abandonado el espíritu social de la democracia cristiana para acercarse a los postulados del partido republicano de George Bush. Siendo esto cierto habrá sin embargo que trabajar desde la izquierda política y social por un nuevo consenso europeo que vaya más allá de la propia izquierda.
. Para afrontar la crisis, defender los empleos y cambiar el modelo productivo; para luchar por un nuevo “pacto social europeo” que salvaguarde y renueve al mismo tiempo, los viejos “estados del bienestar”; para que la Unión Europea se democratice y gire hacia la “Europa Social” es necesario una alianza de todas las fuerzas progresistas (partidos, sindicatos, asociaciones y ongs) tanto en el ámbito nacional como en el europeo.
. Esta alianza no significa ni subordinación a la vieja usanza ni formación de un bloque. Se trata ante todo de una europeización de las organizaciones y movimientos para actuar de forma convergente en los dos ámbitos, el domestico y el comunitario. Compartiendo unos puntos básicos estas organizaciones, cada una desde su espacio, deberían luchas por un giro social en la UE empezando por dotarse de una verdadera organización o red europea efectiva.
. Hoy ni los partidos europeos ni las asociaciones y movimientos sociales tienen dimensión orgánica europea y esto es un grave déficit. Solo los sindicatos por medio de la CES, y con ciertas limitaciones, tienen una acción europea.
. Aunque se han dado nombre de tales ni los socialistas ni los populares son verdaderos partidos europeos sino agrupamientos de eurodiputados que son quienes mantienen la actividad. Como mucho son clubes políticos que hacen convenciones de vez en cuando pero que después no tienen capacidad de actuación, reservada a los partidos nacionales. Hay también un Grupo Confederal de Izquierda Unitaria con similares características.
. Tienen programas europeos pero en realidad más allá de las coincidencias ideológicas no tienen soberanía para marcar la política a seguir en Europa. Los intereses de estado prevalecen sobre las afinidades ideológicas, y en el propio Parlamento Europeo muchas veces esto se refleja en las votaciones.
. Ejemplos hay muchos. El gobierno socialista portugués quiere que un compatriota ostente la presidencia de la Comisión aunque sea de ideología conservadora. La opinión pública mayoritariamente comparte este criterio “nacionalista” por lo que sería impopular apoyar a “un extranjero”. . En los grandes temas se observa que los partidos llamados europeos no tienen ninguna competencia y son los partidos nacionales quienes deciden. Ejemplo: los socialistas europeos deciden votar contra la directiva de retorno, pero la mayoría de los eurodiputados socialistas españoles vota a favor porque el PSOE se lo ordena temiendo dar armas al PP para que le haga una campaña en España.
. No existen tampoco muchas organizaciones o federaciones europeas fuertes en el mundo asociativo social salvo en algún sector como el de los agricultores, ni hay grandes redes europeas de ongs. Este mundo asociativo fuerte en cada país no ha dado el paso hacía la supranacionalidad europea.
. La Confederación Europea de Sindicatos nacida en 1973 (con 15 años de retraso sobre el Mercado Común) no dejó de ser un club, o un “lobby” más de los que hacen cabildeos en Bruselas, hasta 1991 en que hizo un congreso de auto reforma y aprobó el objetivo de transformarse en un “sindicato supranacional europeo” cediendo las confederaciones afiladas “soberanía” para que la Ces pudiera tomar decisiones vinculantes para todos los miembros. Esta cesión de soberanía es la clave para diferenciar un club de una organización.
. Desde entonces dio pasos en esa dirección: creación de federaciones europeas de rama; potenciación de comités de comités de empresa europeos, hasta los actuales 800; intentos, de abrir espacio a una negociación colectiva de ámbito europeo, y cuyos resultados son todavía modestos por el boicot por la patronal; coordinación de las orientaciones de los sindicatos afiliados en relación a la negociación colectiva en cada país y en otras materias.
. La CES y los sindicatos europeos han tenido que afrontar numerosos ataques a los trabajadores en diferentes países (se llevaron a cabo huelgas generales en Grecia y en Bélgica y también hubo una manifestación gigante en Italia) y en el plano europeo.
. La directiva de servicios llamada Bolkestein fue atenuada en su pretensión de alterar a la baja las condiciones salariales y laborales. La CES hizo una importante movilización y se ganó la batalla en el propio Parlamento.
. Varias sentencias del Tribunal de la UE como las de Viking, Laval y Rüffert avalan la línea de la directiva de servicios primando las peores condiciones laborales de los países de origen sobre las de los países de acogida a inmigrantes comunitarios. Por contra el tribunal de Estrasburgo (de derechos humanos) ha reforzado el derecho a la huelga como un derecho fundamental. . La CES ha dado otra batalla que también se ha resuelto favorablemente, de momento, en relación al proyecto de ampliación de la jornada laboral hasta 65 horas. El Parlamento Europeo fue decisivo para frenar esta medida antisocial. Ponencia completa de Juan Moreno en este enlace

sábado, mayo 30, 2009

Declaración sobre el trabajo como elemento clave en un sistema democrático

Que enpiece a correr en la red extremeña una declaración sobre el trabajo y su centralidad democrática que impulsa el sindicalismo confederal pretende dar la réplica al manifiesto de los 100 economistas que predicaban la reforma laboral a través del contrato único y el abaratamiento del despido. Se trata de una declaracíón que pueden firmar profesores universitarios y expertos en ciencias sociales - derecho, economía, sociología, antropología - y que se hará pública a mitad de junio. La esencia de la participación ciudadana y del sindicalismo es no PERMANECER INDIFERETES ANTE EL MUNDO QUE NOS RODEA, por ello apoyo esta iniciativa. Para manifestar la adhesión enviar email as: joaquin.aparicio@uclm.es y antonio.baylos@uclm.es
EL TRABAJO, FUNDAMENTO DE UN CRECIMIENTO ECONÓMICO SOSTENIBLE

Declaración junio 2009.

De manera unánime, expertos de todas las disciplinas sociales, gobiernos y 0rganizaciones internacionales consideran que la legislación laboral no ha sido la causa de la crisis. Sin embargo, y por paradójico que resulte, las consecuencias de la misma están teniendo un intenso y negativo impacto sobre el empleo. La actual crisis económica internacional se produce debido a un crecimiento desregulado del sector financiero de la economía con una escasa supervisión, lo que, unido a otros factores económicos, ha venido generando un fuerte incremento de las desigualdades sociales a escala planetaria.
Entre otras, se puede extraer una lección del proceso de la crisis actual: los mercados son imperfectos de manera natural. Precisamente cuando la oscuridad, la falta de transparencia y la perdida de credibilidad en la actuación de los operadores se adueñan de los mercados financieros, se ponen de manifiesto los riesgos que acarrea un tipo de crecimiento basado en la revalorización de activos financieros frente a la generación de valor en la economía real y por tanto más necesaria resulta la intervención de reguladores públicos. En el caso español las lecciones a aprender también son importantes, porque si bien es correcta la regulación del sistema bancario, ha habido muchas carencias en la prevención de los riesgos derivados de la fuerte implicación de éste en la actividad inmobiliaria. A ello hay que añadir el pinchazo de la burbuja en dicha actividad, con la que convivíamos en los últimos años en el marco de un modelo de crecimiento extremadamente vulnerable.

ES TIEMPO DE ACTUAR PARA SALIR DE LA CRISIS Y PALIAR SUS EFECTOS.

La secuencia de salida de la crisis requiere de la intervención pública en, al menos, tres escenarios interconectados, temporal y funcionalmente. En primer lugar, se trata de frenar y revertir la estrategia conservadora de restricción del crédito, por la que han optado buena parte de las instituciones financieras, que está agudizando la delicada situación de las empresas y las familias. Lo prioritario es lograr un clima de confianza que impregne a todos los sujetos de la economía y la sociedad española, y estimule la definición de un proyecto de futuro con credibilidad y recursos para ponerlo en marcha, recursos públicos para impulsar políticas industriales y energéticas y recursos financieros para incentivar la actividad del sector privado.

Es urgente inyectar liquidez para hacer frente al endeudamiento del sistema financiero con el exterior e impulsar la circulación crediticia, al tiempo que se abordan sus problemas de solvencia, investigando en profundidad la situación de las principales instituciones financieras del Estado español.
No debería olvidarse el interés que tiene, en esta dirección, promover una red de entidades públicas que permitan al Estado canalizar sus recursos financieros directamente a la economía real, para sortear los problemas de distribución a los que se enfrenta en la actualidad su agencia financiera, el ICO.
En segundo lugar, el Estado ha de intensificar sus esfuerzos para paliar los efectos de esta crisis en los trabajadores, extendiendo las redes de protección a todos los desempleados y alargándola en el tiempo. Y en tercer lugar, ha de actuar incentivando la recuperación del consumo privado y la generación de empleo, a través de una política de incremento controlado del gasto publico, que promueva la creación de infraestructuras económicas y sociales, creando empleo y ofreciendo oportunidades de actividad productiva en los sectoresmás dinámicos de nuestro tejido empresarial, particularmente entre las PYME.Junto a estas actuaciones en el corto plazo, es también precisa la intervención del sector público para impulsar una salida de la crisis que lleve consigo un cambio paulatino y profundo del modelo productivo que ha agotado sus posibilidades de sostenibilidad en la actual crisis. Es necesario sustituir el modelo de crecimiento económico vigente hasta la fecha, apoyado en el uso intensivo de trabajo precario, mal remunerado y poco cualificado, por otro nuevo basado en la innovación que permita incrementar la calidad y la productividad del trabajo; de ahí el protagonismo que han de alcanzar las políticas industriales, energéticas y medioambientales y educativas para desbloquear los principales cuellos de botella que dificultan el cambio mencionado en España.Para ello se requieren también modificaciones profundas en las pautas y formas de gestión de las empresas, cubriendo lagunas tanto en el ámbito de la innovación gerencial y empresarial como en la formación de los trabajadores, para lo que la negociación colectiva tiene una importancia crucial. Es ahora,más que en ningún otro momento de nuestra historia moderna, cuando la innovación y la formación tienen la posibilidad de convertirse en el auténtico motor de la economía española.

LEJOS DE MANTENER POSTURAS INMOVILISTAS, SOSTENEMOS QUE LOS SISTEMAS ECONÓMICOS HAN DE SER RECONSTRUIDOS MEDIANTE LA ATRIBUCIÓN AL TRABAJO DE UNA INEXCUSABLE CENTRALIDAD.

El trabajo es la fuente primera y esencial de derechos de ciudadanía social, confiere libertad individual, asegura progreso económico, garantiza cohesión y solidaridad social y ofrece seguridad material. De ahí, la imperiosa necesidad de situar el trabajo en el centro de las políticas diseñadas por los agentes públicos y de las decisiones económicas adoptadas por los agentes privados. La creación de más y mejores empleos ha de ser un objetivo irrenunciable y compartido por poderes públicos, actores y organizaciones productivas.

No es promoviendo el despido sin causa ni control judicial, como se avanza hacia un mercado laboral en el contexto de un nuevo modelo económico más productivo. La pretendida simplificación en el régimen de la contratación terminaría haciendo aflorar su verdadero propósito: la simplificación del régimen de despido. Ya no habría, salvo en limitadísimas ocasiones, despidos procedentes ni improcedentes; el resultado sería la precariedad generalizada de los trabajadores y el abaratamiento del despido.

Por tanto si resulta unánime la opinión de la inexistencia de conexiones entre la actual crisis económica y la regulación del mercado de trabajo, no es en modo alguno congruente querer aprovechar la presente situación para reducir o eliminar derechos sociales. O en palabras más enérgicas, nos parece políticamente indecente pretender desplazar a los trabajadores una parte sustancial de los costes de la crisis económica.

Las medidas de reforma laboral que se adopten han de estar coordinadas con las medidas que se introduzcan para favorecer el cambio de patrón de crecimiento. En muy buena parte, la prosperidad de la economía española y el incremento de las tasas de actividad y de empleo han estado basados a lo largo de estos años atrás en un modelo económico que ha dado de lado, hasta terminar menospreciando, las inversiones generadoras de valor añadido, las políticas de investigación, innovación y desarrollo, favorecedoras de empleos cualificados, las mejoras de la competitividad mediante la innovación y el establecimiento y potenciación de servicios eficientes o, en fin, la búsqueda de la calidad en las acciones formativas de capital humano.

LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA CONSTITUYE EL ESCENARIO NATURAL en el que pueden concretarse y tomar cuerpo las medidas de reforma del mercado de trabajo que se pacten en el Diálogo Social y sean transpuestas a las leyes respectivas. Una de las más urgentes necesidades de nuestro sistema de relaciones laborales es modificar el principio rector dominante en la gestión de la mano de obra, que de estar anclado en el uso y abuso de reglas de flexibilidad externa (contratación temporal y despido con escasos controles) ha de transitar a fórmulas de flexibilidad interna, negociada y con participación sindical. Y ahí es donde la actividad contractual colectiva puede colaborar de manera eficiente y equitativa. Por lo demás, la adecuada contribución de la negociación colectiva a estas tareas precisa la inmediata y urgente adaptación de su estructura, que ha de racionalizarse a través de unas técnicas de vertebración y articulación dotadas de seguridad y certidumbre jurídica, atributos éstos que son los que, precisamente, hoy no ofrece el marco legal. Estos cambios han de orientarse hacia la búsqueda de mayores niveles de productividad del trabajo, que no en la disminución en los niveles salariales o en la generalización de la precariedad laboral.

NO PERMANECEREMOS INDIFERENTES AL TIEMPO QUE NOS HA TOCADO VIVIR. Y por ello rechazamos visiones que consideramos profundamente equivocadas, que sólo cualifican como adecuadas las reformas laborales que contienen recortes en los derechos sociales y laborales. Por el contrario, abogamos por un horizonte de cambios estructurales que propicien una economía más productiva y consecuentemente un trabajo decente, más cualificado y, por extensión, más productivo. El trabajo es la fuente primera y esencial de derechos de ciudadanía social, confiere libertad individual, asegura progreso económico, garantiza cohesión y solidaridad social y ofrece seguridad material.

jueves, mayo 28, 2009

Jornada "Europa: trabajo y cidadanía"

El fomento de la ciudadanía plena es uno de los cometidos de la Fundación Cultura y estudios de CCOO de Extremadura, por ello esencial fomentar la participación activa en las elecciones europeas del próximo 7 de junio. Participación consciente y consecuente. Conocer lo que decidimos en estas elecciones me parece básico, por ello os propongo estas jorndas que se celebrará el 2 de Junio en el Centro Cultural Alcazaba de Mérida (C/ John Lennon 5). La jornada tiene como destinatarios el mundo del trabajo y el conjunto de la ciudadanía extremeña -Ver programa-

La celebración de las elecciones europeas de junio de 2009 es un proceso político y democrático que afecta de manera determinante a todos los ciudadanos y ciudadanas de Extremadura y de manera espacial a los trabajadores y trabajadoras, pues no podemos olvidar que Europa ha adoptado más de 60 leyes sociales que benefician al mundo del trabajo, en cuestiones como la salud, la seguridad, la igualdad, la participación la información, la consulta, etc. Pero Europa también es un riesgo, pues igual que se aprueban leyes que fomentan en el sistema social europeo, hay tendencias que intentan desmantelar derechos y logros conquistados a lo largo de la historia.

Por todo ello esta jornada tiene como objetivo fomentar el conocimiento del papel preeminente de las instituciones europeas para el mantenimiento del sistema social europeo, conocer las propuestas de los agentes sociales europeos, conocer las distintas propuestas de las organizaciones políticas, en relación a la recuperación económica, los derechos fundamentales, el modelo social europeo, el desarrollo sostenible y el gobierno de la Unión y fomentar la participación activa de los ciudadanos y ciudadanas en el proceso electoral.
Las jornadas incluyen una ponencia de Juan Moreno extremeño y miembro del Consejo Económico y Social Europeo, responsable igualmente para América Latina de la CES. También se realizará una interesante mesa redonda con la participación de representates del PSOE, PP e IU de Extremadura. INSCRIPCIONES
Enviar mail: culturayestudios@extremadura.ccoo.es con apellidos, nombre, mail y teléfono Asunto: Jornada de debate sobre Europa: trabajo y ciudadanía
Lugar de celebración
Centro Cultural Alcazaba C/ John Lennon, 5 Mérida

Declaración de París de la Confederación Europea de Sindicatos para combatir la crísis

Los días 27 y 28 de mayo se reunen en París los dirigentes sindicales europeos en una conferencia organizada por la Confederación Europea de Sindicatos (CES) para discutir de las soluciones a la crisis. En esta conferencia los sindicatos europeos adoptaron la Declaración de París, que reproduzco a continuación.
La Declaración de París de la CES
Europa se enfrenta a un retorno del desempleo masivo. El número de empleos llamados a desaparecer en el transcurso del año es tan elevado que hay que remontarse a los años 30 para encontrar cifras comparables. Y sin embargo, a día de hoy, la respuesta de las autoridades (tanto europeas como nacionales) es inadecuada para la magnitud del problema.
Este fuerte aumento del desempleo se explica por el dominio del modelo económico neoliberal en el curso de los 30 últimos años, un modelo cuyo colapso ha provocado la catástrofe económica que Europa y el resto del mundo están viviendo actualmente. Son muchos los que se han dedicado, en el ampuloso sector de los servicios financieros, a practicar una versión moderna de la alquimia. Se ignoró la prudencia a largo plazo, mientras la codicia y la especulación se convertían en el orden del día de Wall Street, Londres y otros grandes centros financieros. El resultado, antes del colapso, fue un rápido incremento de la desigualdad, el aumento de los empleos precarios y la presión para recortar la influencia de los estados de bienestar, los derechos de los trabajadores y la negociación colectiva. Ahora hay que añadir a esto un mayor desempleo, recortes en el gasto público y un colapso de la demanda en muchos países.
Los ciudadanos se dirigen a los gobiernos mediante la acción del sector público y a los sindicatos para restaurar el equilibrio democrático que se había cedido a los mercados. La CES pide que no se permita “nunca más” que el capitalismo financiero pueda infligir una crisis comparable al mundo, a Europa y a los trabajadores; y que nunca más el aumento de las desigualdades suscite el estímulo, la indiferencia o la negligencia de los gobiernos democráticos.
La CES apoya plenamente la causa del movimiento sindical internacional en la lucha contra la crisis. Europa tiene un papel importante y específico que jugar en este contexto. La UE es la única en el mundo que tiene la capacidad de ejercer una acción directa y coordinada sobre lo que constituye la mayor entidad económica individual en el mundo. Debe, por tanto, liderar el camino, y no seguir a otros. Con demasiada frecuencia ha dado la impresión de estar relegada a un papel secundario, detrás de países importantes. Y, si la UE no es capaz de llevar a cabo una acción concertada, sus principales logros que son el mercado único, la moneda única y la ampliación se verán sometidos a una fuerte presión, porque los Estados miembros buscarán el desarrollo de sus propios enfoques en materia de comercio, política monetaria y relaciones internacionales. La UE debe asumir sus responsabilidades en relación con los Estados miembros, aguantando la presión más extrema, y actuar de forma que evite depender del Fondo Monetario Internacional. La intervención del FMI debería, en todo caso, intentar preservar la cohesión social, más que reducir el gasto público y los servicios públicos.
La UE debe adoptar un enfoque convincente ante el desempleo. La CES reclama un nuevo Pacto Social en la UE que actúe como motor de la justicia social y en favor de más empleos y de mejor calidad, con los siguientes puntos principales:
Más y mejores empleos: Inversión en un plan de recuperación europea ampliado para dar un nuevo impulso en favor del crecimiento y el empleo. La CES pide que el Consejo Europeo y la Comisión diseñen un plan europeo de inversión que totalice el 1% anual del PIB para ofrecer más empleos y de mejor calidad, promover la innovación, la investigación y el desarrollo, favorecer el empleo en sectores clave, invertir en nuevas tecnologías verdes y sostenibles, y asegurar servicios públicos de gran calidad.
Sistemas de protección social más fuertes para ofrecer más seguridad e igualdad y evitar la exclusión social. La CES reclama una agenda social europea significativa y fuerte para permitir a las personas conservar un empleo bien remunerado y garantizar la protección a todos los trabajadores, así como una formación adecuada, teniendo en cuenta la diversidad y la necesidad de mantener la cohesión social y el acceso a los servicios públicos para todos. La política social y los servicios públicos en toda Europa no deberían verse debilitados por una aplicación demasiado rígida del Pacto de Estabilidad, obligando a recortes demasiado prematuros y demasiado importantes en los déficits presupuestarios, una vez que la actividad económica deje de retroceder.
Derechos más fuertes para los trabajadores y fin de la preponderancia de los principios del mercado a corto plazo. Para poner fin a las desigualdades crecientes, debemos disponer de derechos más fuertes. La CES exige un Protocolo de progreso social que dé prioridad a los derechos sociales y a la acción colectiva y una Directiva sobre desplazamiento de trabajadores más fuerte, basada en la igualdad de trato y en el respeto al derecho que se aplica en el lugar donde tiene lugar el empleo. La CES reclama igualmente una participación efectiva de los trabajadores y democracia laboral. Es especialmente urgente reforzar los derechos de los trabajadores para poner fin a la creciente utilización de diversas formas de trabajo atípicas y poco seguras.
Mejor salario: fortalecimiento de la negociación colectiva. Hay que rechazar la congelación salarial y el recorte de los salarios nominales. En un momento en el que la demanda se derrumba, es esencial proteger el poder de compra. La CES exige por tanto un fortalecimiento de la negociación colectiva y de los instrumentos de formación del salario con el objetivo de asegurar aumentos del salario real para apoyar la recuperación económica. El Banco Central Europeo (BCE) debe igualmente estar implicado en el crecimiento y estar comprometido con el pleno empleo de calidad, y no simplemente con la estabilidad de precios. El BCE no debe pretender influir y debilitar las negociaciones salariales aumentando prematuramente los tipos de interés en cuanto parezca que la crisis inmediata ha terminado. La CES exige al BCE un consejo consultivo de interlocutores sociales europeos.
La solidaridad europea como protección frente a los excesos del capitalismo financiero: es esencial poner en práctica una reglamentación efectiva de los mercados financieros y una distribución equitativa de la riqueza, y evitar un retorno al capitalismo de casino o al ‘estatus quo de los últimos 20 años en los mercados financieros. La CES reclama un aumento importante de los gastos sociales europeos aumentando las actividades de los fondos estructurales europeos, sobre todo del Fondo social europeo y del Fondo europeo de ajuste a la globalización. También hay que luchar contra la competencia fiscal proveniente de los mercados desregulados porque amenaza la Europa social. Es necesaria una iniciativa europea sobre la fiscalidad de las operaciones financieras.
En el transcurso del próximo periodo, la CES elaborará más políticas específicas para hacer frente a los enormes desafíos que nos esperan, sobre todo en la perspectiva de una estrategia laboral basada en la innovación, la investigación y el desarrollo sostenible.
Es esencial reforzar la integración de las cuestiones sociales en todas las políticas europeas e introducir disposiciones sociales en los mercados públicos, reconociendo los convenios colectivos apropiados, y asegurando que la competencia no se pervierte por el dumping social o por políticas deflacionistas, protegiendo las pensiones y las prestaciones y reforzando los salarios mínimos y el alcance de los convenios colectivos. La dimensiónsocial de Europa es demasiado modesta desde hace demasiado tiempo. Ha llegado el momento de reforzar Europa y de restablecer sus ambiciones sociales.
El doble objetivo de esta Declaración es: combatir la crisis y aprovechar sus consecuencias. Sus ideas deben ser ampliamente difundidas y debatidas ya que el desastre del mundo financiero está golpeando duramente a Europa. Pero el sindicalismo europeo puede aprovechar esta ocasión para conseguir una sociedad mejor, más justa, y una Europa social más fuerte y más integrada. Movilizaos para conseguir los objetivos de la Declaración de París de la CES